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COLUMNA

Para leer

Si el 20 de febrero vamos a votar en referéndum el Tratado Constitucional europeo, nuestras autoridades deberían repartir cuanto antes el texto a los ciudadanos, 240 páginas. La costumbre de leer es poca por aquí, en Andalucía, como en España en general: 45 de cada 100 personas nunca leen, y, entre los que leen, la cuarta parte sólo coge un libro una vez al mes, o al trimestre. Si uno es responsable, como debe serlo un ciudadano libre, tendrá que leer reflexivamente 240 páginas antes de responder a la pregunta que sale a referéndum: "¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa?". Porque, si el asunto consiste en delegar en la opinión de nuestros representantes políticos, el Tratado debería votarse en las Cortes, como se votará en los Parlamentos de Alemania, Suecia, Grecia, Chipre o Hungría, por ejemplo.

Borrell, presidente del Parlamento europeo, decía este verano a un periódico de Roma que la mejor manera de ratificar la Costitución es un referéndum. Europa no puede nacer a escondidas, decía Borrell. Pero la participación en las últimas elecciones europeas fue muy baja, y se ha ido produciendo una vaporización de la Unión Europea conforme crecía, de doce a quince, veinticinco miembros, treinta quizá en el futuro, Europa en expansión, como un gas, perdiendo densidad. Ha perdido entusiasmo. Aquí Europa se identificaba con democracia y riqueza. Era un ideal de vida. En los últimos países añadidos, los de la antigua Europa comunista forzosa, democracia y riqueza y poder real (es decir, militar) se encarnan en los Estados Unidos de América. Europa es vista como una sociedad mercantil, un matrimonio por interés, no por amor (suelen ser buenos matrimonios).

En Andalucía ha sido Europa un flujo de dinero, vida mejor para la mayoría, y, sin embargo, cae antipática la Europa de las remotas reglas estrictas y los problemas con la pesca, el campo o los astilleros. El referéndum se convoca el 20 de febrero pensando en Andalucía, país de votantes socialistas, evitando el 27 para no coincidir con la fiesta andaluza del día 28 y la huida masiva de los días festivos. La votación se celebrará un lunes laboral, buscando ansiosamente votantes. Pero el referéndum, que a veces parece plantearse como un acto de propaganda europeísta del Gobierno de Zapatero, podría ser sorprendentemente tramposo, y convertirse en un subterráneo ajuste de cuentas de política nacional, aunque también el PP se muestre favorable al Sí.

Si hay que votar en masa, el electorado debería recibir ya las 240 páginas del Tratado Constitucional, que se abre con una cita de hace 2.400 años: "La democracia es el poder de la mayoría", dice, más o menos, Tucídides. Y uno no sabe si Tucídides ha sido elegido como oráculo o como advertencia, cronista de guerras civiles y del hundimiento de la democracia ateniense, prueba exacta de que el ser humano es irredimible, según Josep Pla. No sería mala lectura Tucídides estos días de largo fin de semana, su Historia de la guerra del Peloponeso, editada en cuatro tomos por Gredos, en traducción de J. J. Torres Esbarranch.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004