Al margen de lo escrito anteriormente, con lo más relevante de esta Bienal, hay otras muchas cosas que merecen nuestra atención. Debo decir que no vi todo el ciclo, por lo que me referiré solamente a lo visto. Mejor dicho, a lo digno de atención por algún motivo de lo visto.
Carmen Linares, ya lo hemos dicho, logró un gran éxito personal, aunque fuera con material viejo, antiguo. Pero dejó su palabra con todos los honores. En cambio Esperanza Fernández, con Evocación, puso mucho nuevo a su cante. Y singularmente puso las voces de Curro Fernández, José el de la Tomasa y Pedro Peña a palo seco. En cambio las Voces de Lebrija, que habían despertado mucha expectación, se quedaron un poco por debajo de de lo esperado.
En teatro bailado, el capítulo más extenso de la programación, hubo de todo. Un Don Juan Flamenco larguísimo, hecho bastante rudimentariamente por alumnos de la Fundación Cristina Heeren, además de Rafael Campallo en el papel protagonista. Una Pasión y Ley de Antonio el Pipa, que mostró mucho baile personal de éste, especialmente por soleares, y un poco de Lola Greco. La ya citada Inmigración, siempre interesante en su descarnado tratamiento de los viajes de pateras. El Romancero Gitano, de García Lorca, un confuso -y muy largo también, parece que este tema se impuso bastante en la Bienal- tratado sobre la obra lorquiana.
Otro capítulo es el de obras de carácter un tanto indefinido. El concierto de Dorantes, por ejemplo, fue espléndido, lleno de fuerza y contenido. Su tío Juan el Lebrijano, con Lágrimas de cera, hizo un largo cante sobre la Pasión que arrebató al público. Serranito y la Camerata Romeo tejieron un concierto irregular en torno a los cantes de ida y vuelta; la guitarra del tocaor a veces no respondió adecuadamente a los requerimientos de la camerata. En cuanto al concierto dedicado a Sevilla por José Luis Ortiz Nuevo, todo se mantuvo dentro de un orden y un mirarse al ombligo del sevillanismo sin demasiado rubor, pero bien.
Y creo que no se me olvida nada. Anoche Tronío, que lamentablemente ya no puede entrar aquí. Y hoy la clausura, con un concierto colectivo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004