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Entrevista:BENJAMÍN MUÑOZ | Secretario general de la Asociación de Promotores Inmobiliarios

"La gente nos tiene ganas"

Pregunta. ¿Aquí es donde parten el bacalao?

Respuesta. Esta sala es el sancta sanctorum, sí.

P. ¿Aquí se decide por dónde tiene que ir el país?

R. No, por dónde tiene que ir la asociación y lo que nos interesa decirles a los políticos y a la prensa de nuestra actividad.

P. Casi la mitad de las mociones de censura las alimenta el urbanismo.

R. Eso he leído en la prensa. Y me parece normal porque en estos ayuntamientos tan justos, los intereses urbanísticos se prestan a riñas.

P. Los promotores tienen mayor influencia política que tuvieron las oligarquías en el siglo XIX.

R. No sé qué hacían las oligarquías, pero los promotores aspiramos a tener un poder de influencia porque damos mucho. Damos el 15% del PIB de la Comunidad Valenciana. Si mantenemos a los ayuntamientos cogidos a la ubre del urbanismo para poder subsistir, por lo menos, que nos oigan algo.

P. ¿Cuándo fue abducido por el lado oscuro del ladrillo?

R. Estoy en el lado blanco del ladrillo. Llegué en el año 81 y he hecho mi carrera al lado de los promotores, que son gente desconocida y estereotipada. Hay un cliché del promotor que ha quedado como el albañil listo con el puro, el anillo y el Mercedes, que es un tiburón, que construye mal y quiere destruir todo. Es una imagen de los sesenta. Hoy los promotores van por la tercera generación: son arquitectos o economistas, están en el negocio más reglado de todos, están preocupados por Kioto y por la sostenibilidad.

P. ¿Por qué perdura esa caricatura?

R. Tenemos muy mala prensa. La gente nos tiene ganas. La vivienda le parece muy cara y a la mínima está por montar la bronca. Con la hipoteca se está acordando toda la vida de nosotros.

P. La Comunidad Valenciana construye más casas que la de Madrid.

R. Es normal. Se vive muy bien y se han dado cuenta en todo el mundo. Si no hacemos de la Comunidad Valenciana la California europea es que los empresarios y los políticos hemos fallado.

P. El 85% de la población vive en el 15% del territorio, y viceversa.

R. En el litoral es donde hay vida. Para los promotores, la franja del litoral se ha metido hacia el interior: los clientes nos piden comunicaciones, sanidad y golf. Los políticos tienen que traernos el AVE y ampliar los aeropuertos de Manises y L'Altet, que las casas ya las haremos nosotros.

P. ¿No es un peligro que la economía se sustente en la construcción?

R. Para nosotros, no. Estamos encantados. El futuro de la Comunidad Valenciana está en los servicios y en la I+D+i.

P. ¿Cómo ve la huerta de Valencia? ¿Como un inmenso solar?

R. La veo económicamente inviable. Me parece un despropósito condenar al agricultor a ser un señor pobre cuando el lápiz del urbanista ha hecho millonario a su vecino. Hay que dar una solución a ese problema con intervención de la Administración. La huerta debería ser un hinterland entre la metrópoli y Valencia con zonas de agricultura subvencionada.

P. ¿Cuál es el límite para dejar de construir?

R. Si pudiéramos hacer como los holandeses, llegaríamos a Mallorca seguro, pero el suelo es el que es. El límite estará en los planes de acción territorial de acuerdo con la Ley del Territorio, que nos parece un instrumento estupendo.

P. Un promotor no puede ser de izquierdas, claro.

R. Sí, yo tengo fama de rojo, aunque no se lo crea. Ya con los años me he hecho un poco más de derechas.

EN DOS TRAZOS

Benjamín Muñoz (Valencia, 1946) es abogado economista por Deusto y proviene de una familia liberal, que fundó la empresa Zumos Vida. Hizo el preu en un colegio de élite de Suiza, donde se enteró que Franco no era Dios. Estuvo en la Taula de Forces Polítiques i Sindicals con su primo Joaquín Muñoz Peirats, pero se desvió de la política para ser el secretario general de los promotores valencianos, a los que representa ya hace treinta años. Aunque en los noventa, junto al actual consejero de Territorio, Rafael Blasco, trató de impulsar un partido valenciano del tipo de Convergència i Unió, pero constató que "desgraciadamente es imposible".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004

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