AMIGAS, AMIGOS. Antiamericanos, antiamericanas. Hoy quisiera romper una lanza. Romper una lanza a favor de este país, Estados Unidos, tan denostado. Porque éste no es sólo ese país que inventó que había unas armas de destrucción masiva para bombardear Irak; no es sólo ese país ultrarreligioso en el que los presidentes se encomiendan a Dios cada vez que hablan; no es sólo el país de Bush, que a fuerza de ser tonto va a lograr que su padre pase a la historia como el listo; no es sólo el país en el que el presidente, siempre a la vanguardia de la ecología, es capaz de decir que para prevenir los incendios hay que talar los árboles; no es sólo el país en el que al condenado a muerte se le concede una última voluntad a condición de que no sea un cigarrillo, porque en los sitios cerrados no se puede fumar; no es sólo el país en el que los que van a morir en la silla eléctrica piden mayoritariamente como último deseo una hamburguesa con queso, o, en su defecto, un macpollo; no es sólo ese país en el que las armas se venden al lado de las compresas con alitas en supermercados de carretera. ¡No y mil veces no, queridos amigos! Nuestros corresponsales se afanan en contar sólo lo negativo, pero aquí estoy yo, gracias a Dios, para hacerme eco de las noticias positivas. Puede que en Estados Unidos haya habido un retroceso en las libertades políticas, vale, pero también ha habido avances. Y yo destacaría un ejemplo del que ningún periódico español se ha hecho eco, ni tan siquiera el mío, y lamento tirar piedras contra mi propio tejado. Ejemplo: desde hace un año, desde el histórico 2003, se ha despenalizado la sodomía. Y eso, quieras que no, te amplía el espectro. Yo pensaba que antes de la sodomía se despenalizaría la zoofilia, porque cuando veo los besitos que dan las señoras a sus mascotas, me digo: si hacen esto en la calle, qué no harán en la alcoba. Pero volvamos a Sodoma: si a ti, antes de 2003, por esas casualidades de la vida, te pillaban sodomizando a alguien, o en mi caso, dadas mis características, siendo sodomizada, se te había caído el pelo. Te mandaban derechito a Sin-Sin. Yo no sé si me habré obsesionado con el asunto, pero de un año para acá veo a la gente en esta ciudad más comunicativa, más humana, yo diría que más alegre. Dicen los periodistas, que mienten más que hablan, que ese cambio de actitud viene del espíritu cívico que ha generado el 11 de septiembre y la corriente anti-Bush. Menos lobos, Caperucita, ¿quién no me dice a mí que la liberalización de la sodomía no ha intervenido en caldear este gélido ambiente? Tal vez, debo reconocerlo, esté algo influida por un libro que estos días he ido leyendo en el metro. Se llama La rendición: una memoria erótica. Es un libro que está tocándome la fibra sobremanera. Lo escribe una bailarina llamada Toni Bentley y es una defensa apasionada del sexo anal. La señorita Toni ha creado casi una nueva religión en torno a la sodomía, dice que su vida tiene un antes y un después. Un por delante y un por detrás. La señorita Toni defiende la sumisión sexual como una manera de espiritualidad. La señorita Toni se buscó un amante, al que podríamos llamar chulazo si no fuera por el respeto que nos inspira la señorita Toni, que la sometía analmente a diario. Ay. La señorita Toni dice que hay que practicar el sexo con el estómago vacío y que luego hay que decirle al chulazo: "adiós, guapetón", y quedarse sola, tan ricamente, comiendo y leyendo gran literatura, por ejemplo, el nuevo libro de Philip Roth, que está teniendo, por cierto, críticas regulares. La señorita Toni dice que la sodomía le ha arreglado los problemas sexuales que padecía desde que su padre la castigó restregándole un plátano por la cara cuando tenía cuatro años. Pero la señorita Toni dice que ha encontrado el Paraíso "por la puerta trasera". La señorita Toni se ha convertido en una fetichista de la analidad y además de contar todas las veces que la han sodomizado (es una cantidad dolorosa) guarda los condones usados que utilizó el chulazo como si fueran reliquias religiosas y cuenta cómo ha ido descubriendo el mejor y más barato de los lubricantes. Es lógico que a la señorita Toni se le haya ido un capital en lubricación desde que asistió al "Descubrimiento del segundo agujero", que suena como un descubrimiento astronómico. La señorita Toni se dedica a compadecer a todas esas reprimidillas que utilizan su vagina y su clítoris, esas antiguallas. Dice la señorita Toni que lo revolucionario es sentirse sometida por un chulazo en vez de estar con ese tipo de varoncillos metrosexuales que nos tratan con una educación rayana en el mariconismo. Este verano me dijo el crítico Santos Sanz Villanueva que hoy día son las mujeres las que están escribiendo las cosas más burras. Es verdad, si llega a escribir un hombre lo que ha escrito la señorita Toni, a ese hombre se lo llevan derechito a Sin-Sin. Yo es que en el metro leo mucho. Me estoy haciendo, como ven, una cultura. Ayer iba una señora negra sentada a mi lado y no quitaba ojo de mi libro de la señorita Toni. La señora se impacientaba porque yo leyendo en inglés soy lenta, qué le vamos a hacer, y se puso a bufar cuando me puse a buscar en mi diccionario electrónico la palabra Hole (agujero). Me estaba poniendo tan nerviosa que le dije: "Si quiere, le dejo el libro un rato". La tía se levantó y se fue. La típica hipocresía del pueblo americano. Y yo pensé: anda y que te den.
Advertencia: este artículo puede herir la sensibilidad de mi padre.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004