Llega a paso ligero cargando un enorme bolso de flores plastificado. Viste camisetilla de tirantes, falda tejana corta y sandalias. Nadie diría que es modelo; más bien, jugadora de baloncesto. Hana Soukupova avanza por un largo pasillo enmoquetado. Son las 10.30 y ya ha anulado el desayuno con un periodista. Tiene jet lag. Anoche aterrizó en Barcelona, procedente de Nueva York; hoy desfila para Pronovias, y mañana se sube a otro avión. Hana es la nueva estrella de las pasarelas internacionales. En septiembre, la joven fue incluida en la portada de Vogue USA, la primera en casi dos años que protagonizan modelos. Nada menos que nueve. Y Hana la comparte con Natalia Vodianova, Gisèle Bündchen o su compatriota Karolina Kurkova. Un intento por impulsar el fenómeno mediático de las maniquíes.
En 2001, Hana tenía 15 años. Vivía en Karlovy Vary, a 115 kilómetros de la capital de la República Checa, una ciudad de 60.000 habitantes. La madre de Hana es enfermera, y su padre trabaja en una fábrica. Un sábado cualquiera de 2001, Eva, su hermana mayor, decidió sacarse un dinero extra. Leyó un anuncio en una revista que aseguraba 100 dólares para quien descubriera una modelo. Eva cogió fotos de ella y de su hermana Hana y las envió a la agencia. Tres días después, la familia Soukupova recibía una llamada de Praga. Eva se había ganado 100 dólares, pero la modelo sería su hermana. La agencia estaba muy interesada en conocer a Hana. La chica se transformó en modelo en tiempo récord, pese a dos importantes defectos: la timidez y el desconocimiento del inglés. Hoy, aunque habla un inglés correcto, no ha superado totalmente la timidez.
Sentada en la sala de maquillaje, en la que se prepera el macrodesfile de vestidos de novia de Pronovias, mira con recelo a todos. Han pasado tres años, pero Hana no se acostumbra a las preguntas. Y sobre todo no soporta estar lejos de su familia. A las 11.30 arranca la sesión de peluquería. Paciencia. Se sienta y cruza sus piernas kilométricas. Tiene una larga melena, orejas grandes y poco pecho. En plena faena, el peluquero tropieza, se cae y todos a su alrededor ríen, excepto Hana. La situación sólo le arranca una leve sonrisa, y tarde. De tan lánguida, parece ajena a lo que sucede. Un aparato alargado le plancha el pelo mientras declara que ha desayunado mucho: salmón, patatas, huevos, verduras y cereales. Incluso su último cumpleaños lo celebró con una tarta de chocolate. A su alrededor, las cámaras de televisión y el incesante ruido de los secadores; pero ella se muestra ajena a todo, impasible a los rulos que acampan en su cabeza.
"Este oficio te tiene que gustar. A mí me encanta viajar y conocer gente, aunque no puedes imaginar cómo echo de menos a mi familia: los veo tres veces al año", dice Hana mientras el peluquero le sigue planchando su melena. Hablando de su familia se le humedecen los ojos. Ella no soñó con ser modelo, pero ahora lo es, y además importante. No soñó con ir mucho más allá de Chequia, pero ahora ya ha dado la vuelta al planeta. Ella no soñó con desfilar para los más grandes, pero a los 18 años ya lo ha hecho. Hana asegura no haber tenido problemas con ninguna de sus compañeras, pero sí que vive en un mundo muy competitivo. "A mí no me gusta competir con el resto, creo que cada chica es diferente". Y aclara: "No creo que las modelos sean tontas. Las que yo he conocido suelen ser muy espabiladas". Ella también lo es: "Por supuesto que quiero ser buena en mi trabajo, la número uno".
Su manager no se despega. "La descubrí con 15 años, y desde el principio pensamos que iba a ser una gran modelo. Tiene un cuerpo perfecto, una cara bonita y una piel estupenda. Lo mejor de ella es que es muy profesional, siempre intenta hacer las cosas perfectas", dice Lenka Jochova. Mientras a Hana le ponen los rulos aparece en la habitación la gran Karolina Kurkova. Se transforma en el foco de atención. Se saludan amablemente. "Me gusta, ella también es de la República Checa, pero somos completamente diferentes", diría después Hana, molesta con la pregunta de si se siente la sustituta de Kurkova. Su manager coincide en que ella es diferente a Karolina -"antes de la Kurkova ha habido otras modelos checas"-, y rápidamente añade: "Hana ha sido la más solicitada de las últimas colecciones; ha abierto 17 desfiles, incluyendo los de Yves Saint Laurent, Valentino y Donna Karan. Este pasado verano fue la única chica en la campaña de Gucci". Mario Testino, quien la fotografió para la publicidad de esta firma italiana, también la ha elegido para su primera campaña para Zara. Las tiendas de la cadena gallega están decoradas con su cara. Las modelos del Este pegan fuerte en la pasarela. Sólo hay que mirar en el salón de peluquería. "Las chicas del este de Europa tienen mucha elegancia y unas medidas perfectas. A los diseñadores les entusiasman porque son una percha fantástica", explica Esther García, directora del casting del desfile de Pronovias. La ficha de Hana marca 180 centímetros de altura, 85 de pecho, 59 de cintura y 41 de pie. El peso es secreto.
Para cuando le quitan los rulos han pasado dos horas de peluquería. Son las 13.30, hora del almuerzo. Hana prefiere comer sola. A las 14.30 llega el turno de ensayar en la pasarela. Ella prácticamente es la más alta de su grupo. Calza unas sandalias planas, que enseñan unos dedos gordos envueltos en tiritas. Está muy seria. "Los diseñadores no quieren que sonriamos durante el desfile, aunque me gustaba más cuando se hacía el show en la pasarela", dice. Una guardia de seguridad mira el montaje con ganas de ayudar: "Algunas están tan delgadas, las pobres". Hana aguarda su turno. A diferencia de otras, se mantiene callada en la fila, absorta en sus pensamientos.
En el momento del descanso, Hana se une a su manager en el bar. Del bolso saca un enorme termo de té. Bebe sin parar y se come un kiwi. No fuma. De pronto saca un cacharro del bolso. Es una Blackberry, una especie de teléfono conectado a Internet que permite que la modelo esté en contacto con su mundo. "Todo el día envío mensajes de correo electrónico a mis amigos y familia", dice.
Hana vive ahora en el centro de Nueva York. Comparte piso con una amiga. Para ella se reserva los detalles de su vida amorosa. Tiene un hobby, la cerámica. Tres veces por semana acude a clases, de siete a nueve de la noche. Y por la mañana siempre trata de hacer gimnasia. "Quiero ser modelo mientras disfrute de mi trabajo, pero naturalmente que quiero tener una familia e hijos". Y también quiere ir a la universidad y estudiar arte. "Mi hermana lo está haciendo. Ella dice que no tiene la personalidad para hacer lo que yo hago, le gusta estar más en casa". De momento, estudios y familia son sólo deseos, la realidad es que a las 16.30 le toca maquillaje. Otra tortura. Cierra los ojos. Parece dormida. Puede estar soñando con Madagascar, el sitio donde le gustaría pasar sus próximas vacaciones. Y mientras tanto, le decoran la cara. "Es como una gacela, muy elegante, alta, ojos expresivos, serena de carácter, callada, un encanto de niña. Y superprofesional", dice la maquilladora. Hana sólo pide una cosa al mundo de la moda: "Me gustaría mostrar las colecciones de verano en verano, y las de invierno, en invierno". Imposible, Soukupova.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004