El líder del Partido Liberal, John Howard, de 65 años, logró ayer la hazaña de ser reelegido por cuarta vez consecutiva como primer ministro de Australia. "Somos una nación respetada en el mundo porque estamos dispuestos a luchar por aquello en lo que creemos", declaró un Howard que no cabía en sí de gozo ante un nutrido grupo de simpatizantes congregados en un hotel de Sidney, la capital financiera de Australia. Sus palabras fueron una clara referencia al criticado apoyo de su Gobierno a la guerra de Irak y a la alianza con Estados Unidos.
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Poco antes, el líder laborista, Mark Latham, de 43 años, que se había comprometido a retirar las tropas australianas de Irak como hizo el partido socialista en España en marzo pasado, reconoció públicamente su derrota, lo que destruía cualquier interpretación de similitud entre ambos procesos electorales.
Todas las encuestas vaticinaron unas elecciones muy reñidas con un margen de resultados muy estrecho, pero a primeras horas de la madrugada (ocho horas menos en la España peninsular) y con casi todos los votos escrutados, los resultados provisionales atribuían a la alianza gobernante, formada por los liberales y el Partido Nacional, 85 escaños de los 150 que tiene la Cámara baja. Los laboristas se quedaron en 62. "Es una victoria arrolladora", declaró el abogado Peter Strasser, amigo personal del primer ministro.
En contra de los pronósticos, la coalición gubernamental obtuvo cuatro escaños más de los que tenía en la pasada legislatura, mientras que los laboristas han perdido tres. "Estos resultados revelan que cuando los indecisos han llegado al colegio electoral han optado por la papeleta que les daba garantías de seguridad en sus vidas y en su economía", señala David Flint, profesor de Derecho de la Universidad Tecnológica de Sidney.
Entre aplausos y gritos de apoyo, Howard, que se ha negado a reconocer que en Irak no había armas de destrucción masiva, pronunció un discurso muy nacionalista en el que aseguró que Australia es un "báculo de la democracia en todo el mundo" y que se acerca a una "nueva era de logros brillantes".
Rodeado de su mujer y de sus tres hijos, el primer ministro agradeció a su familia el apoyo prestado e indicó que los resultados electorales son fruto de la "extraordinaria expresión de confianza de los australianos en el liderazgo de la coalición".
Sin embargo, Latham, que está al frente de los laboristas desde diciembre pasado y ha hecho un enorme esfuerzo por levantar el partido, se presentó ante sus filas visiblemente afectado. Se comprometió a hacer una "oposición dura" y entonó una especie de mea culpa por los malos resultados al indicar que la próxima campaña electoral la centrará, además de en educación, salud y medio ambiente, en "seguridad y economía".
Latham, nada más colocarse al frente de los laboristas, puso el debate de la guerra de Irak sobre la mesa y se comprometió a que los soldados australianos enviados a ese país estarían "en casa por Navidad" si ganaba las elecciones. Las encuestas le daban por ganador hasta hace un mes, cuando el atentado contra la Embajada de Australia en Yakarta, en el que murieron nueve indonesios y otros 150 resultaron heridos, reavivó el miedo al terrorismo en los australianos.
A partir de entonces, caló hondo el mensaje de Howard de que Australia necesita la alianza con Estados Unidos para su defensa y la ligera ventaja en intención de voto que tenía Latham se fue perdiendo. La encuesta publicada el lunes pasado por el prestigioso diario The Age ya apuntaba la victoria de la coalición por cuatro puntos de diferencia, que han resultado seis.
A la hora de votar pudo más en los australianos el temor a su aislamiento que la necesidad, como decía Latham, de equilibrar las relaciones con Washington de manera que no fuesen de sumisión, sino entre dos Estados soberanos.
"Desde la Primera Guerra Mundial, Australia ha mandado a sus tropas a luchar junto con Estados Unidos, incluidas las guerras de Vietnam, Camboya, Corea y Afganistán. Estamos solos y nos identificamos mucho con Estados Unidos, el Reino Unido y con la España de Aznar", afirma el profesor Flint.
Situada al sur de Asia, Australia se siente geográficamente dentro de un mundo hostil, de ahí su empeño en reforzar su posición occidental en el plano político. "Nos sorprendió mucho que la gente no apostase más por la paz, el medio ambiente y la equidad en educación y sanidad, pero ha triunfado la línea dura más cercana a Estados Unidos", lamenta Telmo Languiller, diputado del Parlamento de Victoria, uno de los seis Estados de Australia.
La bonanza económica, pese a la crisis asiática que a finales de la pasada década castigó duramente a sus vecinos, ha sido la otra baza que los 13 millones de australianos con derecho a voto han tomado en cuenta a la hora de depositar su papeleta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004