Con más de 1.000 millones de euros de dotaciones para el presente año, que representan un 0,15% del PIB, la obra social de las cajas de ahorro representa un fenómeno que, frente a las iniciativas de patrocinio que florecen tanto en el sector bancario como por parte de otras empresas, requiere una consideración especial, máxime cuando corre el riesgo de caer en el olvido, sea por su estrecha vinculación con el principio fundacional de las cajas -que le puede proporcionar una pátina de antigüedad- o por el hecho de que su motivación va más allá del simple efecto imagen, actuando como mecenas o anfitrión de numerosas iniciativas, algunas menos visibles al resto de la sociedad.
Una breve reflexión lleva a identificar esta obra social como una realidad viva, en evolución y adaptable a las necesidades de la sociedad, frente a la cual actúa como ejemplo de "responsabilidad social" retornando una parte significativa -cercana al 28%- del beneficio que generan las cajas. Así, sus intervenciones han ido reorientándose, de un papel enfocado a cubrir las carencias de un Estado de bienestar en gestación hacia un compromiso con las necesidades cambiantes de la sociedad, especialmente de la más cercana al entorno de cada caja, lo que, por otro lado, ha supuesto una expansión de esta obra social paralela a la expansión geográfica del negocio, en línea con el compromiso regional que ha caracterizado la actividad del sector.
Una reflexión lleva a identificar a la obra social de las cajas como una realidad viva y adaptable a las necesidades de la sociedad
Esto supone que la obra social de las cajas de ahorro no sea un elemento del pasado, sino que participe activamente del presente y, sobre todo, que puede participar del futuro, en la medida en que su impacto económico y social, a veces difícilmente cuantificable por la diversidad y amplitud de actividades que apoya, constituye un motor para muchas iniciativas que debe actuar de forma paralela a la estrategia de las entidades, dentro de una reflexión conjunta que permita identificar sus complementariedades y orientar los esfuerzos de la OBS allí donde permita optimizar su impacto.
Ángel Berges y Enrique Martín pertenecen a Analistas Financieros Internacionales
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004