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Editorial:

Candidato creíble

John Kerry, el candidato demócrata a la Casa Blanca, es acusado por su rival republicano, el presidente George W. Bush, de no ser un candidato creíble por la ambigüedad y cambios de actitud que ha tenido en sus 20 años como senador. Es lo que en la jerga política anglosajona se conoce como flip flop. En otras palabras, un chaquetero. Pues bien, esas dudas parecen haberse disipado no poco tras el primer debate electoral de Miami hace una semana y el del pasado viernes en San Luis (Misuri). De las dos contiendas sale fortalecida la figura de Kerry como político capaz de llevar las riendas de EE UU durante los próximos cuatro años, independientemente del valor real de las encuestas: claro vencedor en el primero y ligeramente ganador en el segundo. El tercero, y último de los mano a mano televisados antes de las elecciones del 2 de noviembre, será el próximo miércoles en Tempe (Arizona) dedicado sólo a temas de política interior.

Bush consigue hacer daño al rival cuando ataca los flancos de su credibilidad, pero acusa el golpe cuando Kerry se centra en los numerosos fracasos de la Administración republicana, empezando por Irak y terminando por la economía. Ante la batería de preguntas de una audiencia seleccionada de ciudadanos, Kerry se mostró el viernes por la noche en la Universidad de San Luis bastante más seguro en los conceptos y en los datos que Bush, que, sin embargo, dominó mejor la escena. Si acaso al senador se le puede achacar de debilidad al no lograr hacer sangrar más la herida iraquí del actual presidente, cuando su política en Irak hace aguas por todos los lados y el desprestigio de su Gobierno ha aumentado tras el informe de los inspectores de desarme estadounidenses. "Una campaña de engaño masivo", en palabras de Kerry. La Casa Blanca fue a la guerra sin tener una estrategia de paz, repite el aspirante, al insistir en que EE UU debe recuperar los lazos con sus tradicionales aliados europeos.

Tras el debate del viernes, Kerry parece haber amarrado mejor el voto demócrata, no demasiado entusiasta con su candidato. Pero también Bush en lo que respecta al campo conservador republicano. El lenguaje del titular de la Casa Blanca es más llano y directo. En su ideario no caben matices. No existen colores grises, algo que encaja bien con la mentalidad de no pocos ciudadanos norteamericanos. Así, por ejemplo, ante el aborto para él no cabe más que un no, mientras que para Kerry, que se declara católico, depende de las circunstancias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004