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CARTAS AL DIRECTOR

Tras el día dedicado a los profesores

Pasó el último día 30 de septiembre como uno más y no hubo en los centros ni un solo gesto que recordase que era el día dedicado a los profesores. En otros casos llegan instrucciones precisas para celebrar efemérides que no pueden pasar desapercibidas, aunque pocos se interesen por tales conmemoraciones.

Al menos, me consuela saber que ya estamos incluidos en uno de tantos colectivos damnificados a los que se les dedica un día para que la sociedad se acuerde de que están ahí, en el frente de las aulas, en las que se reconoce -lo dice el Defensor del Pueblo- que se respira violencia y falta de autoridad.

No conozco en el calendario ningún día del médico, del arquitecto, del notario; ni del funcionario de Correos o el de Hacienda, y pienso que a ellos no se les tiene aún entre aquellos a los que hay que tender una mano, aunque sea por un día.

Para dignificar esta profesión, que es propósito de los legisladores, hay que empezar por devolver a los enseñantes la autoridad de la que se han visto despojados -la científico-didáctica y la otra- y seguir con revisiones laborales, salariales, etc.

Cuando el profesor ve que sus criterios son rectificados con demasiada frecuencia, cuando falta el apoyo necesario en los padres de alumnos, cuando el alumnado no reconoce el magisterio de los que nos afanamos en su educación, nuestra profesión se vuelve complicada y se viven momentos insoportables.

Tras el 30-S, quedan nueve meses de curso en los que espero que sigamos en la memoria de quienes pueden hacer algo para mejorar las condiciones del profesorado, empezando por nosotros mismos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2004