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Crítica:CANCIÓN

Otra vuelta de fado

Ella sola al piano. Las primeras notas de lo que podría ser una sonata romántica. Pero no, es un fado lisboeta. Lo canta sin despegarse de la banqueta y el caudal de voz, ésa voz multitímbrica capaz de hacer vibrar los cristales, contrasta con su delicadeza al piano.

Por dentro do fado se llama el nuevo espectáculo de Dulce Pontes. Primicia de un ambicioso proyecto, El corazón tiene tres puertas, que irá desvelando poco a poco, vino a ser un viaje por distintas formas de sentir, interpretar y escribir ese fado, que para ella sigue siendo manantial infinito de posibilidades: desde los clásicos de Carlos Gonçalves hasta las obras de los anónimos populares.

El compositor y guitarrista francés Pascal Gaigne -conocido por su banda sonora para El sol del membrillo, de Víctor Erice- es el actual escudero de la cantante de Montijo. El fado más tradicional, con esa sonoridad tan particular de una refinada guitarra portuguesa en primer plano, apareció hacia la quinta canción. Para regresar en su excelente interpretación, ya en los bises, de Estranha forma de vida, que Amália Rodrigues confesó haber escrito cuando tenía treinta años y se quería morir.

Dulce Pontes

Dulce Pontes (voz, piano y dirección musical), Pascal Gaigne (guitarra y dirección musical), Paulo Jorge (guitarra portuguesa), Paulo Feiteira (guitarra) y Davide Zaccaria (violonchelo). Teatro Albéniz, 9 de octubre.

El fado, tras años de plomo, ha iniciado el siglo con una inesperada vitalidad. Dulce Pontes, que se siente en parte responsable de ello, parece haber oído de nuevo su llamada. Cuando acierta con el tono y la intención el resultado es notable, pero el poderío ilimitado de su voz la pierde. Tiene por costumbre cantarlo a todo volumen. Siente así las canciones, asimismo las canta y nadie le discute su entrega. Se ha ganado por aquí a un público fiel que gusta de sus derroches.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de octubre de 2004