Los matasellos de cada carta indican su fecha al sistema de Correos en Madrid. La norma de llegada a la dirección será... ¡de una semana! Como consecuencia, algunas de las cartas causan seria gravedad. Su oficina para las entregas junto a Bravo Murillo utiliza en su propia calle de Cañaveral una semana para los vecinos. Esperamos al cartero/a el otro día para pedirle que firmara la llegada de sus entregas para confirmar su escandaloso retraso. Inútil, porque la funcionaria negó su compromiso. No hay pruebas, por tanto, para acusar de negocio falso, mentira o propiedades de documento ajeno durante ocho días. El cartero llamó dos veces: grité entusiasmado porque así ocurrió en una misma semana. Larra se quedó corto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de octubre de 2004