Volvió Mayor Oreja y trajo de nuevo ese catastrofismo que le viste y que tan buenos resultados personales le dio cuando era ministro de Interior y algunos lo proclamaron Superman. Parece un hombre triste si se observan sus gestos y los modos escorados con los que pasea su cabeza por los escenarios de mítines y citas más o menos electorales. Mayor Oreja gusta de dramatizar en exceso porque, ya digo, le salió bien una vez, y cree que cuanto más se cargan las tintas más fácil es aceptar que las cosas no pasen como deben pasar. Mayor Oreja es un hombre perdido en su laberinto de tristezas que enardece a muchos de los suyos, aunque otros, en privado y en secreto, por supuesto, reconocen que sus formas, no son formas. Hasta el propio Aznar supo ver a tiempo que aquel hombre no le convenía y se lo quitó de encima como candidato a la sucesión, de aquella displicente manera con que Aznar daba pasos adelante sin miramientos. En fin, que volvió Mayor Oreja a Andalucía y apuró su discurso. Si alguna vez vino a decir que en Andalucía gobernaba el PSOE porque la gente le tenía miedo, igual que en el País Vasco gobierna el PNV porque la gente tiene miedo, mezclando terrorismo y nacionalismo de peligrosa e interesada manera, metiendo, en ese caso, en la misma cesta cosas que por mucho que se empeñen no son manzanas, sino manzanas y peras, que diría Ana Botella. Bueno, pues si Mayor vino una vez a decir eso, ahora volvió al congreso del PP a apretar las tuercas de su desmesura y a citar el nazimo para animar a la alternancia "como si se tratase de una cuestión de higiene, democrática, indispensable para la esperanza y la ilusión de las nuevas generaciones de Andalucía" y la gente por aquí con esos pelos que la verdad dan pena.
En fin, el discurso de Mayor Oreja es suyo y de nadie más que suyo y el es el único responsable, aunque tampoco hubiera estado nada mal que Arenas hubiera salido tras él a decir que no está de acuerdo con el catastrofismo ofensivo del líder declinante que es mayor Oreja. Por cierto, increíble la manera de callar de la declinante Teófila Martínez, ni una palabra, ni un mal gesto, ¡qué manera de perder!... No hay duda, Arenas ha nacido para líder indiscutido del PP, al menos hasta el domingo y con permiso de Añez, Enciso y los críticos de Almería.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de noviembre de 2004