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Folco Quilici narra el hallazgo de un barco fenicio en América

Una estatuilla fenicia hallada bajo el agua junto a una isla brasileña infestada de serpientes venenosas, aventureros submarinistas, intriga política, valerosos arqueólogos, periodistas sin escrúpulos. Con estos mimbres ha trenzado el popular escritor y cineasta italiano Folco Quilici (Ferrara, 1930) una auténtica institución en su país, conocido muy especialmente por sus premiados documentales y sus investigaciones marinas, su última novela, Las serpientes de Melqart (Roca Editorial). El autor, que especula en su libro con que los navegantes fenicios llegaran a las costas americanas antes que los vikingos y Colón, señala que bajo el agua se esconden hoy los grandes tesoros arqueológicos. "La gran aventura de la arqueología recomienza en el mar", afirma Quilici, que dirige el ICRAM (Instituto para la Investigación Científica y Tecnológica aplicada al Mar) y aún, a sus 74 años, bucea habitualmente.

La novela de Quilici, un thriller arqueológico al estilo de los bien conocidos en España de Valerio Manfredi -por situar el género-, se abre con el naufragio de un navío fenicio que choca contra las rocas de una costa extraña. Más de dos mil años después, un equipo de prospección de minerales localiza bajo el mar, junto a la isla brasileña de Teimada, la pequeña estatua de bronce del dios Melqart que llevaba el barco en la proa. El personaje central de la aventura es un arqueólogo submarino, Marco Arnei, un Indiana Jones del mar protagonista de otras novelas anteriores de Quilici, en las que ha emprendido la búsqueda del gran calamar gigante o los restos del acorazado Roma. También aparecen personajes reales como el presidente Lula da Silva y especialistas en los fenicios como el desaparecido y añorado Sabatino Moscati o la catalana Maria Eugenia Aubet.

Arqueología submarina

"Fue trabajando con Moscarti en la exposición de I Fenici en Venecia, para la que realicé el audiovisual y luego un filme, cuando tuve la idea de la novela", explica Quilici , un hombre afable y que irradia un entusiasmo contagioso por el mar y la arqueología. El escritor considera que hay indicios suficientes, entre ellos la inscripción de Paraíba -pese a que se la ha tachado de falsificación-, para tener en cuenta la hipótesis de la llegada de los fenicios a América. "Quien sabe algo de la navegación a vela comprende que no habría nada de extraordinario en que los vientos hubieran empujado algún barco fenicio -de los que sabemos que exploraron la costa atlántica de África y subieron hacia Bretaña en busca de estaño- hasta América", reflexiona Quilici , del que Ediciones B publicó un libro sobre Mike Angel, el legendario piloto del Salto del Ángel en Canaima (Venezuela). "Decir que los fenicios llegaron, involuntariamente, a América no es hacer fantasía". Para Quilici, la arqueología submarina es una ciencia extraordinaria y va a proporcionar grandes avances en la investigación del pasado. "El mar es una reserva arqueológica enorme, y al tiempo un medio en el que -a diferencia de la tierra- aún es posible vivir grandes aventuras".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004