Componen Lucía Etxebarria y Ferran Torrent, ganadora y finalista del Premio Planeta 2004, una curiosa pareja. Juntos presentaron ayer sus novelas en un acto multitudinario al que acudieron desde toreros a escritores. La ganadora reclamó para la protagonista de su novela, Un milagro en equilibrio, "el derecho a equivocarse y a tropezar". Y el finalista definió la suya, La vida en el abismo, como una historia de "fascinación".
Cumplió ayer Lucía Etxebarria (Bermeo, 1966) al menos dos deseos: que su madre, a la que dedica la novela con la que ha ganado el Premio Planeta, asistiera a la presentación de la obra, una vez superada una grave enfermedad, y que su madrina literaria, la escritora Ana María Matute, presentara Un milagro en equilibrio. La casualidad jugó también a favor de ambas, puesto que Ana María Matute cumple 50 años como ganadora del mismo premio. Lo obtuvo en 1954 con la novela Una casa con goteras. "El año que viene cumplo 80 y me parece que ha transcurrido muy poco tiempo", dijo Matute antes de pasar a describir lo mucho que quiere y aprecia a Lucía Etxebarria. Le recuerda, según contó, su infancia como escritora, cuando era calificada de enfant terrible de las letras. "Todos los que se escandalizan con sus libros comprenderán con el paso del tiempo que no es nada escandalosa. La juventud es así", añadió la escritora.
Un milagro en equilibrio puede considerarse como una obra "agridulce" en la que se narra "la dificultad de vivir". La novela, a juicio de Matute, tiene el acierto de reflejar el momento más mágico de la vida de una mujer -el nacimiento de un hijo- mientras que en paralelo se asiste a la agonía de su madre. La obra, narrada como un diario íntimo, da constantes saltos al pasado de la protagonista, que va repasando sus errores y aciertos.
Animada por las palabras de su presentadora, Lucía Etxebarria recordó lo mal que lo ha pasado con algunas críticas y convirtió su discurso en un alegato a favor de la literatura escrita desde la voz de la mujer, la libertad y la propia identidad, en el que no faltaron las referencias a Freud, Gramsci y Lacan. La autora de novelas como De todo lo visible y lo invisible y Amor, curiosidad, prozac y dudas reivindicó la angustia y la derrota como motor del cambio. "Mi novela habla de la necesidad vital de tropezar y equivocarse".
Carmen Alborch, que ejerció como presentadora de la novela finalista, calificó la obra de Ferran Torrent (Sedaví, Valencia, 1951) como "fascinante", "bien escrita" y con "sus buenas pinceladas valencianas". La vida en el abismo parte de un hecho autobiográfico, una partida de cartas en la que el autor perdió 9.000 pesetas. Allí conoció a El Rubio, un jugador y un personaje que rompía con todas las convenciones sociales. "No es una novela sobre el juego, sino sobre la personalidad de un jugador", aclaró Torrent, para el que El Rubio se transformó en un héroe, uno de esos tipos capaces de hacer todo lo que tú no eres capaz de hacer.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004