Dos conciertos de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati con su rector titular desde 2001, Paavo Järvi, han constituido grandes éxitos, tanto en el caso del concierto para Juventudes Musicales de Madrid, como en el dedicado al abono Barbieri de la serie Ibermúsica. Esta formación americana posee y exhibe una calidad altamente virtuosista en todas sus secciones y el maestro estonio Paavo Järvi (hijo de otro director, Neeme Järvi) reúne condiciones y saberes de alto nivel que nos proporcionan versiones notables y hasta arrolladoras.
Así fueron las dos sinfonías programadas, la Quinta de Mah-ler, en do sostenido menor, estrenada en Colonia, 1904, bajo la dirección del compositor, y otra Quinta famosa, la de Sibelius, que data de 1916 en su primera versión, revisada tres años más tarde por el patriarca de la música finlandesa. Se trata de dos ejemplos significativos del posromanticismo más alertado, ambos de gran impostación lírica. Sin embargo, Mahler tiende hacia lo narrativo, mientras Sibelius canta desde construcciones sólidas. Y se quiera o no, en el primero se transparenta la Viena inquietante del cruce de los siglos, en tanto el segundo recoge, siente y evoca, la naturaleza nórdica europea. Sinfonías difíciles, no parecen serlo para los músicos de Cincinnati y su vigoroso conductor.
Juventudes Musicales e Ibermúsica
Orquesta Sinfónica de Cincinnati. Director: P. Järvi. Solista: H. Grimaud, piano. Obras de Schumann, Mahler, Tuur, Kodaly y Sibelius. Auditorio Nacional. Madrid, 8 y 9 de noviembre.
Tampoco precisa de esfuerzo aparente una de las pianistas más atractivas de la actualidad, la francesa Hélène Grimaud (Aix-en-Provence, 1969). Su Concierto en la menor, de Schumann, nos llegó fresco y transparente, precioso de sonido y de un expresivismo mesurado pero tan auténtico que conmovió a la audiencia y la movió a ovaciones largas y unánimes.
Hay que anotar, muy favorablemente, la versión, plena de matices coloristas y contrastes rítmicos e instrumentales, de la suite de Danzas de Galanta, de Zoltan Kodaly quien, como Bartok y junto a él, escarbó en la mejor sustancia del folclore universalizado en una obra bella y superespectacular. Firmemente trazada, dentro de un lenguaje contemporáneo sin fronteras, la obertura Aditus del estonio Ekki-Sven Tuur (Kardia, 1959), autor e intérprete de indudable talento en diversos géneros, incluido el rock, estimula nuestro deseo de conocer partituras de Tuur como el Homenaje a Sibelius, cuyo celebérrimo Vals triste cerró, en clima de triunfo, las jornadas madrileñas de la Orquesta de Cincinnati.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004