El Gobierno y el Congreso de EE UU abordarán la firma de un acuerdo migratorio con México, el gran asunto de las relaciones bilaterales, durante el comienzo del segundo mandato de George W. Bush, pero "sin prometer demasiado". La precisión fue efectuada por su secretario de Estado, Colin Powell, en la conferencia de prensa que informó sobre la primera reunión binacional después de las elecciones. "Lo que puedo asegurar es que el presidente sigue comprometido con la reforma migratoria", dijo Powell. Casi la mitad de los cerca de 10 millones de inmigrantes indocumentados en EE UU es de origen mexicano. El Ejecutivo de Vicente Fox, a quien Washington pide a cambio mayor seguridad fronteriza, intenta su progresiva legalización mediante la ampliación del cupo de temporeros u otras fórmulas.
Fuentes oficiales sostienen que el ambiente entre las dos naciones, que comparten una porosa frontera común de 3.200 kilómetros y numerosos intereses sociales, económicos y policiales ha mejorado significativamente después de la reelección de Bush y la progresiva superación de las consecuencias del 11-S y la guerra de Irak. "Lo que le dije al secretario [Luis Ernesto] Derbez [ministro de Exteriores] es que cuando el nuevo Congreso entre en enero, haremos una evaluación (...) sobre el ritmo con el que podemos avanzar con el programa de trabajadores temporales", manifestó el jefe de la diplomacia estadounidense. No es previsible, sin embargo, ni una amnistía ni concesiones profundas porque la agenda de la seguridad ocupará durante mucho tiempo las prioridades de la Casa Blanca.
"Todo depende ahora de que los congresistas [de EE UU] estén dispuestos a comprometerse con el reconocimiento a los ciudadanos mexicanos", insistió el secretario de Estado. Tiempo atrás, Bush presentó a la consideración del Congreso un Programa de Trabajadores Temporeros que ofrecería un estatuto legal a los inmigrantes que contribuyesen a fomentar la economía de EE UU, un concepto vago que se presta al equívoco y a las arbitrariedades, según los analistas. México se comprometió a redoblar la vigilancia de la línea divisoria común durante la 21ª Comisión Binacional, a la que asistieron Powell, el secretario de Seguridad Interior de Estados Unidos, Thomas Ridge, y los secretarios de Transporte, Norman Mineta; de Educación, Rod Paige, y de Vivienda, Alphonso Jackson.
Obsesión por la seguridad
Pese a la obsesión norteamericano, y las frecuentes alertas cursadas a México por Washington, ningún terrorista ha sido detenido en la frontera común, con cientos de miles de cruces diarios de personas y mercancías. Los dos Gobiernos suscribieron el martes cinco acuerdos sobre protección del medio ambiente y la educación, y otro de intenciones sobre aspectos migratorios, pero ninguno sobre el futuro de los indocumentados, el gran reto del Gobierno de Fox desde su investidura en diciembre del año 2000. "Se acordó suscribir en breve un acuerdo entre la cancillería y el Departamento de Agricultura [de EE UU] que permitirá a los inmigrantes mexicanos que residen y trabajan en áreas rurales tener acceso a los programas de vivienda que ofrece el Gobierno estadounidense", señala un comunicado conjunto.
Tom Ridge fue más concreto acerca del calendario migratorio al informar que Bush asume la discusión sobre una reforma migratoria "bajo la noción general de que necesitábamos desarrollar en la frontera un sistema seguro y legal (...), pero cualquier iniciativa será pospuesta para el próximo año". El programa de trabajadores temporales contribuiría, paralelamente, a incrementar la seguridad de Estados Unidos, de acuerdo con el secretario norteamericano. Estados Unidos amplió la permanencia en el país, de 72 horas a 30 días, de los viajeros procedentes de los estados fronterizos mexicanos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004