Carlos Marqueríe, uno de los profesionales más sólidos e interesantes de la escena española contemporánea, estrenó anoche en el Teatro Pradillo (Pradillo, 12) su último montaje, 2004, en el que fusiona y confronta el horror y el dolor con la belleza y la estética.
El director y autor ha dado también a su espectáculo -que se presenta dentro del Festival de Otoño- el título de Tres retratos, tres paisajes y una naturaleza muerta. Puesto en pie por la compañía Lucas Cranach, que él fundó en 1995, el espectáculo se ha gestado a lo largo de dos años, en los que su director ha ido tomando notas, realizando dibujos y planteándose muchas reflexiones: "Como todos mis espectáculos, se compone de trozos y mezclas de muchas cosas, la diferencia en esta ocasión es que cada una de esas parte tiene su título propio", dice.
2004 es una obra en la que se reflexiona sobre tres tipos de paisajes: los humanos, los psicológicos y los físicos. Marqueríe tenía ganas de abordar un espectáculo sobre la Guerra Civil, pero le gusta trabajar con situaciones que ha vivido. La conexión la encontró justo donde vive, una zona en la que se libró la batalla de Brunete: "Deberíamos seguir reflexionando sobre esta guerra mucho más, tenerla más presente, como los alemanes tienen el holocausto, lo que es un ejemplo de cómo se puede reconstruir algo", dice.
También en 2004 se habla de las guerras actuales: "Pero es difícil hacerlo porque es algo sobre lo que está opinando todo el mundo", señala Marqueríe, quien aclara que no ha buscado paralelismos entre las distintas situaciones que habla en el montaje.
La última parte del espectáculo gira en torno al paisaje que deja una ausencia, una muerte de un ser querido: "Todo son retratos de una caminante que reflexiona sobre aquello que ve", aclara el autor a propósito de su producción teatral, siempre muy influida por elementos pictóricos, marionetísticos y autobiográficos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004