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CARTAS AL DIRECTOR

Costa de Marfil

Hace aproximadamente un año escribí una carta en la que mostraba que durante el año 2002 Europa había vendido a terceros países más armas que Estados Unidos. Entre los países europeos Francia ocupaba el primer lugar.

Un día de la pasada primavera tuve la oportunidad de mantener una larga conversación con uno de los pocos españoles, no religioso, que vive y trabaja de manera estable en Costa de Marfil. Sin mencionarlo directamente, de la conversación se desprendía que el conflicto latente en el país era provocado directamente por Francia. Este país había provocado la revuelta en Costa de Marfil porque con el actual Gobierno, más liberal y democrático que los anteriores, empezaban a peligrar los privilegios de la colonización y mantenidos hasta el momento.

Desgraciadamente, el pasado fin de semana, la injerencia francesa se ha puesto de manifiesto con una respuesta violenta y contundente; con esta acción se ha puesto en peligro, en Costa de Marfil, la vida de todos los de origen europeo y no sólo de los ciudadanos franceses.

Para defender sus intereses, Francia no ha esperado a resoluciones de la ONU, ni ha pedido reuniones internacionales: ha respondido unilateralmente de manera rápida y contundente. Que la injerencia francesa sea legal o no me preocupa relativamente; lo que sí me preocupa es que entre todos los movimientos pacifistas europeos, especialmente los españoles, ninguno haya reaccionado ante tamaño atropello. Permítame que me pregunte: ¿dónde está nuestra progresía? ¿Y nuestros artistas y directores? Encuentro a faltar sus manifestaciones en contra del prepotente y a favor de los más débiles.- Jesús Domingo. Girona.

Como sabéis ha empezado otra guerra. ¿O es la misma guerra? ¿Acaban las guerras o quedan durmientes en el más maldito de los sueños?

Es complejo siempre definir una guerra. La guerra tiene múltiples causas, un detonante, una razón verdadera (la mayoría de las veces oculta para la población en general) y una razón ficticia en la que se apoya al menos una de las partes para hacer valer su estrategia de poder, las razones de su combate, para justificar los muertos.

Cuando llegué a Costa de Marfil hace dos años, lo primero que leí al buscar en Internet es que el norte pobre musulmán se rebelaba contra el sur rico y de mayoría cristiana. Con el tiempo escuchando a unos y a otros, viendo trabajar a los distintos actores de esta guerra, trabajando en el terreno, puedo deciros que esto no es así. Que suena bonito, que es romántico, que puede convencer a Occidente (que es lo que cierto país europeo pretende), pero que no es cierto.

Los intereses económicos de la ex colonia se le escapan a la madre Francia y no puede consentirlo. El presidente está a favor de la liberalización de la economía, de la apertura a otros países, de que los monopolios se abran a otras manos que no sean las francesas.

Las fuerzas rebeldes por sí solas no tenían capacidad para quedarse con la mitad del país. Pero lo tienen. Las fuerzas franceses enarbolan la bandera de la neutralidad, de la paz, mientras en la trastienda están apoyando la guerra.El Ejército francés apoya cierto hospital en el oeste del país sin tener en cuenta las políticas estatales ni las ONG de salud. ¿Para qué? Es una mera cuestión de imagen. Cierto organismo internacional francés muy bien conocido decide apoyar una campaña contra el sida proporcionando el doble del presupuesto solicitado. Cuestión de imagen.

Ayer, las fuerzas gubernamentales iniciaron la guerra para liberar (como ellos dicen) los territorios rebeldes. Los rebeldes han sido llamados a desarmarse en repetidas ocasiones, pero hacen caso omiso. Y las fuerzas internacionales no les presionan en absoluto. La población del norte (teóricamente liberada de la opresión del sur) vive pobre, sin las mínimas infraestructuras, con grave riesgo de enfermedades, sin funcionarios, sin escuelas, con un mínimo insuficiente de centros de salud funcionando actualmente. Pero esta imagen no sale en las noticias, no interesa, no

vende. No apoya la estrategia de nuestro país vecino.

Las fuerzas militares francesas llegaron a este país para hacer salvaguardar la paz (ésta es la idea que nos han vendido). Y actúan teóricamente como fuerzas de interposición entre los territorios leales al presidente (elegido democráticamente) en el sur y los territorios del norte comandados por las fuerzas Nouvelles.

Así, Francia ha declarado la guerra a Costa de Marfil. Su superioridad es evidente, pero el pueblo marfileño en su mayoría está en su contra. ¿Por qué? Porque quieren ser libres y decidir por ellos mismos. Porque quieren dejar de ser una colonia encubierta. Porque quieren decidir a quién vender su café, su cacao, sus riquezas mineras. Porque no quieren que todos los monopolios se queden en manos francesas.

La población marfileña se subleva y hoy yo me siento marfileña. Me siento como ellos. Impotente. Porque siento que "nuestro" país sigue siendo una colonia. Que el poder económico, el poder militar, el poder mediático puede cambiar el sentido de nuestra historia. Y nos queremos rebelar, y queremos patalear, y manifestar nuestra mayor repulsa.

Un conflicto desencadena el odio, la sinrazón, la locura. Ser blanco hoy en este país es sinónimo de francés y como tal de enemigo. No puedo salir de casa. Pero puedo darle este correo a alguien que os lo enviará por mí.- Marija Lalueza. Daloa, Costa de Marfil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004