Hola cariño: como ves, empiezo la carta igual que cuando estabas destinado en Manas, pero ahora con otra dirección: "destino, el cielo", porque seguro que es allí donde estás junto a tus compañeros de misión.
Como recordarás, el lunes día 8 hubieras celebrado tu 30º cumpleaños si aquel 26 de mayo de 2003 ese maldito avión contratado por aquellos incompetentes mandatarios no se hubiese estrellado en Turquía. Tampoco nos queda el consuelo de poder estar junto a tus restos, porque otros incompetentes ruines compañeros de profesión no quisieron traeros con la dignidad que os merecíais. De nada me sirve que digan que la identificación fue errónea. Quiero pensar que no se atreven a decir que no realizaron tal identificación.
Quiero que sepas que te echamos mucho de menos, que nos han robado una parte nuestra y un trozo a cada uno de tu familia. No sé si desde tu lugar de descanso podrás vernos. Si es así, danos fuerza para poder vivir con tanto dolor y con tu ausencia.
Recordamos con cariño tus bromas, tus risas, tus besos, tus abrazos, en una palabra, te recordamos a ti. Así que, feliz cumpleaños y que seas feliz allá donde estés. Te queremos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004