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El Artium recobra las 'huellas' de Dalí en la vanguardia

Como responsable de una de las mejores colecciones de arte contemporáneo español, el Artium de Vitoria no podía mantenerse ajeno al centenario de Dalí. Y lo celebra con una exposición compleja y atractiva: Huellas dalinianas, que recoge la herencia que dejó el pintor de Figueras en sus contemporáneos, de Alberto a Benjamín Palencia, pasando por Nicolás Lecuona, Moreno Villa, Maruja Mallo u Óscar Domínguez. La muestra, impulsada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, recoge un centenar de obras de cuarentas autores y estará en Vitoria hasta el 27 de febrero de 2005.

Huellas dalinianas recupera la intensidad de un decenio, el que va de 1927 a 1936, cuando la pasión surrealista pasa de unos pocos iniciados a la total fascinación por el universo de Dalí. La selección de obras confirma esta capacidad del pintor catalán para configurar el entorno surrealista peninsular, labor en que fue imprescindible la colaboración de sus compañeros de la Residencia de Estudiantes de Madrid, con Lorca a la cabeza.

Es precisamente el autor de Poeta en Nueva York quien abre la exposición, que su comisario, Jaime Brihuega, ha dividido en ocho apartados. Lorca es el protagonista de la sección Huellas compartidas, ya que el poeta andaluz colaboró (junto con otros aquí ausentes, como Pepín Bello o Luis Buñuel) en la incorporación de la creación española a las vanguardias. Brihuega destacó ayer en la presentación de la exposición: "Con el surrealismo, por primera vez la cultura artística peninsular corre paralela a la internacional".

Luego llega Huellas en la tierra, apartado dedicado a desentrañar las raíces del surrealismo en España, donde surge con los matices telúricos de origen humilde y elemental que aportan los autores de la Escuela de Vallecas, con Benjamín Palencia, Alberto, José Caballero, Maruja Mallo o Antonio Clavé. Estas obras, casi contemporáneas a las primeras de Dalí, reflejan un interés común por afrontar la representación de la realidad desde otras coordenadas, en las que el qué y el cómo viven una renovación total.

Una vez consolidada la mirada daliniana, su presencia es más reconocible, aunque nunca tuviera discípulos reconocidos. Los objetos blandos salidos de la genial mente de Dalí dejaron su impronta. En Huellas blandas se asiste a la multiplicación de esos objetos imposibles que se instalan definitivamente en la Primavera de Javier Ciría o en las derretidas Formas blandas antropomorfas de José Luis González Bernal. Y la misma capacidad de sugestión en otros creadores se aprecia en las siguientes secciones, dedicadas al dibujo y al collage.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004