Un grupo de personas, comerciantes y residentes en el barrio de Gros, se vienen movilizando oponiéndose a un separador vial que facilite el movimiento del transporte público en la ciudad. Según ese grupo de vecinos, el bordillo "crea malestar y perjuicio para comerciantes, vecinos, usuarios, repartidores y motoristas, tanto por su peligrosidad como por la incomodidad que supone".
Creo que ganar en calidad de vida para el barrio supone disminuir el ruido y la contaminación atmosférica producida mayoritariamente por los vehículos motorizados que invaden nuestra ciudad. Además, la conexión rápida y eficaz entre los barrios mediante transporte público hará feliz a los usuarios e incentivará su uso en detrimento del vehículo privado. Por otro lado, la peligrosidad de un separador vendrá determinada básicamente por la velocidad con la que circulen las motos o los coches y el tipo de maniobras zizagueantes que realicen. Una circulación sosegada, además de dar seguridad disminuirá el ruido y las emisiones.
Y, por último, creo que los atascos que actualmente se producen son debidos básicamente a la enorme presencia de vehículos en la calzada. ¿Los coches? Quizás sería mejor
aprender a vivir sin ellos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004