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Una exposición congrega las acuarelas tradicionales de Rafael Ortiz Alfau

El pintor bilbaíno plasmó los diferentes paisajes que le rodearon a lo largo de su vida

El pintor Rafael Ortiz Alfau (Bilbao, 1935-2000) llevó a sus acuarelas los paisajes que le rodearon durante toda su vida. Defendía que los paisajistas debían viajar y buscar nuevas perspectivas que sirvieran para enriquecer su obra. La bilbaína galería Caledonia (Ercilla, 11) vuelve a mostrar cómo plasmó esas ideas en una colección de una treintena de obras que muestran paisajes urbanos de Bilbao, Lisboa y París, puntos de la costa cantábrica e inglesa, rincones de Castilla y de la sierra de Albarracín cubierta por la nieve.

Hace cuatro años, la obra de Ortiz Alfau fue incluida en la exposición La acuarela española del siglo XX, organizada por la Agrupación de Acuarelista Vascos para compensar el vacío de estudios sobre esta técnica. Fue encuadrado entre los pintores que utilizaron, fundamentalmente, ese tipo de pintura para expresarse y han seguido la tradición de realizar con ella paisajes del natural y bodegones. En la pintura con acuarela, la simple disolución en agua de pigmentos para aplicarlos sobre un soporte de papel, empezó como "pintor dominguero" de formación autodidacta, según él mismo recordaba. La dedicación profesional llegó mucho más tarde, tras trabajar en la ilustración.

Ortiz Alfau encontraba en la acuarela la virtud de la espontaneidad, a pesar de que le obligaba a romper muchos papeles antes de conseguir el efecto deseado con las manchas de color. "Es una técnica temperamental y rápida", decía. Con las transparencias del género reflejaba las playas y los puertos, pero también los colores rotundos de los barcos y el verano castellano.

"Pinto hacia dentro, con intimismo; para mí mismo, no para que lo vean los demás", aseguraba, pese a exponer regularmente en España y Portugal. La exposición presenta también alguno de los bodegones que realizó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de noviembre de 2004