De nuevo los hijos y el sobrino del predicador ofrecieron el jueves por la noche en su actuación en Madrid a su cada vez mayor grupo de seguidores un vibrante concierto en el que mezclaron temas de sus dos elepés hasta la fecha: Youth and Young Manhood y el segundo y aún caliente Aha shake heartbreak. Puro rock sureño, al que parecen habérsele sustraído virtuosos instrumentistas a cambio de otros más influidos por el punk o Velvet Underground. Escucharlos es como oír a unos The Band que hubieran renunciado a lo bonito.
Con todo, su sonido es sólido merced a su extraordinario bajista Jared y a cómo se compenetra con el guitarrista, su primo Matthew. La batería, la guitarra rítmica y sobre todo la voz son más ramplonas.
Kings of Leon
Caleb Followill (voz y guitarra), Jared Followill (bajo), Matthew Followill (guitarra) y Nathan Followill (batería). Sala Copérnico. Madrid, 11 de noviembre.
Pero, pese a su estilo claro y definido, quizá donde más fallen es en las canciones, ya que, pese a lo meritorios que son en el rock temas como Holy roller novocaine o las más nuevas Milk o Razz, resulta difícil imaginar que esta banda pase a la historia por componer himnos inmortales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de noviembre de 2004