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OPINIÓN DEL LECTOR

De Galapagar

No quiero hablar de los trajes de luces de su hijo, sino de los juegos de luz a los que nos está sometiendo el ínclito alcalde galapagueño.

Es una historia muy graciosa, si no fuera porque al final, los caprichos de nuestros gestores terminan amargándonos la vida a todos los contribuyentes.

La anterior corporación remodeló la plaza de la Constitución, creando un espacio peatonal iluminado con unas modernas farolas, por cierto, muy parecidas a las de la Gran Vía madrileña. Pues bien; el PP local y otros berroqueños personajes del municipio decidieron emprender una cruzada antifarolas que finalmente ha culminado en la sustitución por las clásicas farolas isabelinas, y el amontonamiento de las modernas farolas en una pequeña plaza, también obra de la anterior corporación.

Continuando con estos juegos de luces y sombras, cuando paseo de noche, siempre llevo a mano mis gafas de sol, porque los reflectores que ha colocado el Ayuntamiento en la rotonda del olivo deslumbran como si te hallases en un quirófano de Houston. A la par, múltiples calles del centro del municipio se encuentran en la más dickensiana penumbra. ¿A qué se debe todo esto? Según lenguas de triple filo de Galapagar, a que todo el tema de electricidad, iluminación..., lo lleva un anterior concejal del PP y compañero del alcalde. Si así fuera, ya que se pone a cobrar facturas del Ayuntamiento, ¿sería mucho pedir que este electricista colocase luces donde más falta hacen?; que, por otra parte, todo el mundo sabe dónde son.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de noviembre de 2004