Flores Domínguez lleva una década haciendo el mismo camino cada mañana: el trayecto entre la urbanización Pinomar (Puerto Real) hasta el barrio de Puntales de Cádiz, donde trabaja como profesora en el colegio Nuestra Señora de Lourdes. Sale a las 8.15. Atraviesa la urbanización Marina de la Bahía sin mayores problemas pero no coge el primer desvío hacia la capital. Cruza por delante de la factoría de Airbus y avanza sin obstáculos hasta la N-443. Ya está junto al Puente Carranza. A esa hora, Flores puede circular sin paradas, gracias a los conos que duplican la carretera. Las retenciones las sufren los que tratan de salir de Cádiz, ya que sólo disponen de un carril. "Antes de los conos, yo tenía el mismo problema". La conductora encuentra las primeras colas en la denominada vía rápida de Cádiz, al desviarse hacia la Zona Franca. Gira la derecha por un estrecho carril de servicio. "Es mi camino secreto". Llega al colegio y aparca a la primera vuelta. Son las 8.40. Entra en clase, donde imparte inglés y lengua española, aunque bien podría dar lecciones magistrales en atajos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de noviembre de 2004