Beber en la calle no es delito, pero tampoco es lícito causar molestias. Los Ayuntamientos de las ocho capitales andaluzas buscan fórmulas para que el botellón -las fiestas callejeras que montan muchos jóvenes durante las noches de los fines de semana- no se traduzca en quejas y denuncias de los vecinos hartos de ruidos, basura, micciones y vómitos en los principales barrios en que se concentra la movida.
A diferencia de otras autonomías como Madrid o la Comunidad Valenciana que han prohibido el consumo en la vía pública, Andalucía carece de una regulación al respecto, por lo que los municipios son los que tienen que hacer frente al fenómeno. Algunas capitales como Málaga, Sevilla o Granada han optado por restringir el fenómeno a ciertas zonas impidiendo estas reuniones en otras, lo que, según los vecinos, sólo consigue dispersar aún más el botellón.
El problema es tan grave que los Ayuntamientos de Granada, Córdoba y Huelva, han decidido construir botellódromos, es decir, recintos cerrados para que el que quiera organice sus juergas nocturnas sin que supongan un fastidio para el resto de los ciudadanos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de noviembre de 2004