¿Entradas para un concierto de música pop a 60 euros? Pudiera ser. ¿Para ver a Anastacia? De ningún modo. Pese a que el recinto se llenó hasta los topes, avanzando tal vez ese sentimiento de generosidad que suele invadir a la gente por Navidad, lo cierto es que, si hay que atenerse a las leyes de la oferta y la demanda, un precio tal por ver a esta cantante de Chicago con sólo tres elepés a sus espaldas es una auténtica pasada. Si la cosa sigue así, ¿qué sucederá cuando Madonna visite España?
La puesta en escena pretendía ser a lo grande y muy elegante, pero fue como idear un espectáculo para la Superbowl y que se te quede la cosa en Minibowl. Y eso le ocurrió a esta cantante de voz potente que arrancó con Seasons change, mientras el escenario, con cuatro bailarines en acción, recordaba en su telón de fondo el origen urbano de la estrella. Con Why'd you lie to me llegó el momento pseudolatino con bailecito incluido, que alguna espectadora mordaz calificó como de Carmen Miranda, pero sin plátanos. Idas y venidas, cambios de ropa y la traca final, en la que incluyó como bises sus dos mejores canciones: Paid my dues y la vibrante I'm outta love, con la que dijo adiós en esta actuación en la que casi todo mereció calificarse como prescindible.
Anastacia
Palacio Vistalegre. Madrid, 22 de noviembre.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de noviembre de 2004