Vivimos en una sociedad que ha elegido la prevención como sistema de solución de problemas. Una prevención que actúa casi exclusivamente por medio del establecimiento de leyes. Se nos dice lo que no hay que hacer y lo que no. Da la impresión que se actúa como si la sociedad estuviera constituida por parcelas estancos que pudieran regularse separadamente sin contar unas con otras. Hay leyes sobre Riesgos Laborales, contra la Violencia de Género, el tabaco, la Seguridad Vial, el SIDA, etcétera.
Sin embargo, y aún siendo consciente del por qué de su implantación y de su posible eficacia, a veces no se tiene en cuenta que, por mucho que legislemos sobre prevención los distintos ámbitos de la sociedad, éstos no son impermeables. No pueden solucionarse unos sin los otros. No puede venderse alcohol al tiempo que se hecha gasolina. No puede prevenirse el SIDA si las farmacias no facilitan fundas por la conciencia del farmacéutico, que no está. No puede respetarse a la oficialidad católica si parte de su oficialidad permite una web de vergüenza. No se puede rechazar el tabaco cuando se nos bombardea con anuncios donde el fumar, el beber y el rascar todo es empezar un día de placer, éxito y sexo.
Es vivir en contradicción y, en cierto modo, ignorar que todo se comunica, como también que es necesario el compromiso de todos y la responsabilidad de muchos para cambiar. Tablada puede servir de ejemplo. Desde hace ya tiempo se conoce en Sevilla que, en los fines de semana, las carreras de coches aquí son un hecho. Que las pistas de los aviones sirven para competir a gran velocidad. Que este espacio era compartido por otros ciudadanos que pasan su día de esparcimiento sobrevolando pequeños aviones. Que estas actividades en el mismo espacio, sin control y sin vigilancia podrían provocar algún accidente. Ya ha ocurrido. Un pequeño ha muerto. Todos lo sentimos. Sus padres y sus abuelos más y para siempre. Pero hoy, como muchas otras veces, como si las cosas fueran separables, nos quieren explicar la diferencia entre actuar en público o en privado, entre lo ilegal y el delito.
Realmente -y aunque lo expliquen- no se va a entender que se pueda morir en lo privado a la vista, ciencia y paciencia de lo público.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de diciembre de 2004