Javier Arenas clausuró ayer, de una tacada, los congresos del PP en Jaén, Granada y Almería. Y hoy cerrará el de Málaga. Esta hiperactividad es constante en Arenas desde su regreso a la política autonómica, allá por el mes de abril, y una de las fórmulas con las que intenta suplir el hecho de no poder ejercer la oposición en el sitio natural: el Parlamento autonómico.
El presidente del PP andaluz volvió a la comunidad como consecuencia de la debacle electoral del 14 de marzo. Su designación tuvo una clave interna (era el único dirigente andaluz con autoridad interna indiscutible) y otra externa: pese a sus ocho años en Madrid, Arenas ha conservado un alto índice de conocimiento entre el electorado andaluz (por encima del 80%) y no era necesario inventarse un candidato a la Junta de Andalucía para competir con Manuel Chaves en 2008.
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Para afrontar la nueva etapa, el PP diseñó una división de tareas: Arenas sería el referente ante la sociedad; Juan Ignacio Zoido, que también carece del acta de diputado, se encargaría de la tutela del partido como nuevo secretario general y en el Parlamento mantuvo al tándem de la anterior legislatura, Teófila Martínez y Antonio Sanz.
Zoido no considera que el que Arenas no pueda hacer oposición en el Parlamento constituya un obstáculo insalvable y apunta los elementos positivos de esta situación. "El que no esté en el Parlamento le está posibilitando estar con todos los ciudadanos y transmitirles personalmente las propuestas del PP", afirma Zoido.
La distribución de tareas sobre el papel se ha traducido en una forma de hacer oposición en la que Arenas, como el Correcaminos, no para de acumular kilómetros por las ocho provincias y de participar en diferentes actos o convocar ruedas de prensa. Desde que retomó la presidencia del PP andaluz, Arenas ha asistido a 50 actos públicos y ha participado en 36 internos y en 42 sectoriales, además de hacer declaraciones por doquier. En este tiempo, ha acumulado más de 70.000 kilómetros para visitar 109 de los 770 municipios de Andalucía.
Arenas visita todas las semanas cuatro provincias, dos de ellas de forma permanente (Córdoba y Almería), mientras que las otras dos varían según las circunstancias. La cita semanal con Almería y Córdoba obedece, afirma el PP, a que son las provincias menos visitadas por Chaves como presidente de la Junta. En el caso de Almería, ha influido también la monumental crisis interna que ha vivido el PP en esta plaza. "Arenas está recorriendo todos los pueblos de Andalucía y ha visitado todas las provincias", destaca Zoido.
Para algunos dirigentes el ritmo que está llevando Arenas es excesivo, sobre todo si se tiene en cuenta que quedan más de tres años de legislatura por delante. Quienes opinan así creen que Arenas debería bajar su actividad y encerrarse con personas de su confianza para "pensar" en un nuevo proyecto para el PP andaluz. Ahora, Arenas se reúne los martes con la dirección regional para diseñar la estrategia y también mantiene una reunión semanal con el portavoz parlamentario para organizar el trabajo en la Cámara.
Brillante para los suyos y marrullero para los demás, Arenas tiene habilidad para buscar titulares y en los primeros meses de legislatura puso en circulación la teoría de que en Andalucía hay un "régimen" o que las peleas de la Junta con los gobiernos del PP no eran más que un "fraude". En cualquier caso, sus intervenciones no dejan tibio a nadie, aunque su lejanía del Parlamento hace que el debate político entre Gobierno y oposición se dilucide más que nunca a través de los medios de comunicación.
Tras el congreso regional de octubre, Arenas ha visto cómo el PP ha acaparado el protagonismo de la política andaluza, pero no porque haya impuesto su agenda, sino por los diferentes frentes orgánicos e institucionales que se le han abierto.
La fractura interna en la Diputación de Almería; la crisis de gobierno en el Ayuntamiento de Jerez y el bloqueo a las medidas sobre el impulso democrático han puesto al PP en una situación compleja y a Arenas en el ojo del huracán.
En estos casos, dentro y fuera de su partido, todos señalan hacia el mismo sitio, unos con el dedo acusador y otros en búsqueda de cobijo, y parecen decir: ha sido Arenas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004