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OPINIÓN DEL LECTOR

¡Cuánta razón!

Ni que decir que estoy de acuerdo con el artículo Psicología del aznarismo, de J. A. González Casanova. Da justo en el clavo. Hay tres puntos especialmente interesantes.

En primer lugar, la inseguridad suele mover a todos aquellos que necesitan imponerse a golpe de ideas, cuando no a golpe de tiros. Psicológicamente no descarto que sea una cuestión compleja y que se necesita un pueblo que sea capaz de distinguir los comportamientos psíquicos de aquellos que decidimos que dirijan nuestra sociedad, y aquí no hace falta decir que educar en la comprensión es una clave básica para que esto suceda. Y esto me hace pensar en otro de los temas de más actualidad: el informe Pisa. Un país que no piensa es lo que más interesa a estas mentes inseguras que quieren imponen su voluntad (y su inseguridad) por doquier. Pero éste no era el tema; quizá en otra ocasión.

En segundo lugar, me interesa la incapacidad para aceptar el error del señor Aznar y con ello la incapacidad para sentirse humano ("presidente por la gracia de Dios"). El error supone el conocimiento previo de lo acertado, lo contrario es ignorancia. El error es positivo por cuanto no es una simple carencia y comporta la voluntad de no volver a equivocarse. Reconocer la equivocación es el primer paso para no volver a hacerlo.

Y finalmente, en tercer lugar, añadiré que el artículo me ha hecho preguntar: ¿esperábamos realmente otro tipo de argumentos? ¿Es posible que estas personas puedan reaccionar y argumentar de otra manera? ¿Tienen algo que decir que realmente pueda interesar a las personas que aceptamos el error como una parte importante de nuestras vidas? La respuesta es rotundamente no.

Por lo que pienso que es mejor olvidarnos de este señor, dejar que siga dando sus clases en su "inglés-americano" casi "perfecto" y que sus partidarios sigan marchándose del Parlamento, y dedicarnos a la construcción de esa sociedad en la que algunos creemos: democrática, seria y sin necesidad de páginas web burlonas para expresar nuestras ideas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004