A sus 26 años, y dos temporadas después de su llegada a la Liga española, Román Riquelme todavía desata un radical debate entre sus partidarios y sus detractores. Para los primeros, todo en el campo debe girar a su alrededor, como sucedía en Boca Juniors. Para los otros, es un futbolista lento que marca demasiado el estilo de su equipo. Por primera vez desde que fichó por el Barça en el verano de 2002, el media punta argentino ha encontrado en el Villarreal, rival hoy del Getafe, el panorama que necesita para triunfar. Es decir, un técnico, el chileno Manuel Pellegrini, que organice el conjunto en torno suyo; unos compañeros que le busquen al recuperar el balón; y tranquilidad para desarrollar su juego. Y nada de defender, claro.
Sobre Riquelme hay una dependencia absoluta en el Villarreal, en lo bueno y en lo malo. Así lo ven tres de sus últimos técnicos, Radomic Antic en el Barça, y Benito Floro y Pellegrini en el conjunto castellonense.
"Sus compañeros han aceptado sus virtudes y sus defectos", explica Antic. "Riquelme tiene el derecho a jugar con el ritmo que le gusta y ahora tiene la tranquilidad necesaria para explotar sus características en el último tercio de campo, donde su fútbol es muy vistoso e influyente. No tiene la presión para recuperar la posición con rapidez y es el dueño de la distribución. Pedirle defender va contra su naturaleza. Puede defender, claro, pero no ha de ser su obligación. Si ahora está tan a gusto es porque no tiene esa presión. Siempre está libre para iniciar el contragolpe. Obligarle a recuperar la posición es quitarle la capacidad de resolver el partido con un pase", explica su ex entrenador en el Camp Nou. El técnico serbio asegura también que Riquelme se ve beneficiado por la menor "exigencia mediática" del Villarreal: "En el Barcelona, si tienes el balón y te paras a buscar la jugada, la grada no te deja". Y recuerda sus peticiones: "Yo le pedía más responsabilidad para culminar las jugadas. En un partido contra el Real Madrid, tuvo una ocasión muy clara con el balón controlado en el centro del área, pero buscó al compañero desmarcado. Siempre lo hace".
El Barça le cedió al Villarreal, donde Benito Floro le exigió mayor esfuerzo defensivo. El técnico abandonó el equipo en febrero pasado aduciendo que algunos jugadores no estaban implicados. Muchas miradas se giraron hacia Riquelme, por entonces en bajo estado de forma. "En mi etapa le ponía por el centro a la izquierda, y a partir de ahí podía moverse. Es un jugador de tocar mucho la pelota, pero no el único. Ningún entrenador quiere que todo pase por un solo jugador. La canalización tiene dos maneras, la fácil, de toque y pase, que tienen Josico o Battaglia, y la difícil, de regate y desborde, como Riquelme. Sólo una no puede ser", comenta el ex técnico del Villarreal. Tras su paso, el club fichó a Pellegrini, que ya conocía a Riquelme de su etapa en Argentina, y le rodeó de gente que se adaptara a su juego. Como Figueroa, con quien Riquelme ha coincidido en la selección argentina, en la que ha recuperado el liderazgo.
"Cada jugador tiene unas capacidades ofensivas y defensivas. A Román no le puedo pedir que tapone al medio centro contrario porque entonces ni defendería ni atacaría bien. Eso mermaría sus cualidades para el ataque. Román tiene la libertad de decisión y cada vez se siente más importante", dice el chileno. Y así lo reconocen sus compañeros, como el medio Cazorla: "Todo el juego pasa por él. Si está libre, lo primero que hacemos es buscarle para que dé el último pase. En ataque está suelto, le damos esa libertad. Los demás estamos para recuperar el balón y dárselo".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004