Kovin, en la actual Serbia, es una ciudad minera, es decir, de tipos duros según el manual sociológico. Darko Kovacevic, el delantero de la Real Sociedad, nació en esa ciudad hace 31 años y cumple el tópico del delantero clásico: alto, ancho, fuerte, trabajador y con las piernas arqueadas, como mandaban los viejos cánones. De medio cuerpo para arriba es la viva imagen del panzer; de la mitad hacia abajo recuerda a Guardiola, con las piernas extrañamente delgadas, dibujando semicírculos en los que se asienta una carcasa poderosa de 79 kilogramos.
Desde que llegó a España, a la Real Sociedad procedente del Sheffield inglés, en 1996, le ha cogido gusto al Real Madrid, hasta el punto de convertirse en el jugador en activo que más goles le ha marcado al conjunto blanco: 10 en 11 partidos y curiosamente sin utilizar masivamente su principal arma, el remate de cabeza. El Madrid, enfangado en la última década en el debate sobre sus centrales, tiene en Kovacevic uno de los argumentos de la polémica. Hierro, Alkorta, Sanchís, Karanka, Iván Campo, Helguera y Pavón han pagado el precio de Kovacevic, especialmente en Anoeta, donde ha conseguido seis de sus diez goles.
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Si los centrales, de todo tipo y condición, han sido sus víctimas, Kovacevic tampoco ha hecho distingos con los porteros: A Illgner le ha marcado cuatro goles, y les ha endosado dos a Cañizares, César y Casillas. Curiosamente, el actual portero madridista, recibió ambos goles en el 4-2 del 13 de abril de 2003 en Anoeta, probablemente en el mejor partido que se le recuerda a Casillas en toda su historia. La actuación del portero evitó a su equipo una goleada escandalosa que le hizo ponerse en jarras ante sus compañeros reclamando algún minuto de sosiego en una noche agotadora.
"Sí, se me da bien el Madrid", decía con humildad Kovacevic en sala de prensa, probablemente sin saber que es la bestia negra de los blancos. Lo que si tenía claro es su condición futbolística: "Hasta los pájaros saben que un goleador sólo vive de los goles", algo que venía racaneando en la presente temporada y que se ha reparado en los últimos partidos: dos goles en cada uno de los dos últimos encuentros. No es extraño que la Real Sociedad haya salido de su depresión cuando Kovacevic y Nihat han recuperado el olor a red. Ambos forman una extraña pareja: Nihat vive de su habilidad para buscarse la vida, Kovacevic depende de los demás. El primero apela a su inspiración, el segundo reclama asistencias. Así, no es extraño ver a Kovacevic desesperarse cada vez que el jugador turco apura la jugada personal, mientras el serbio busca los desmarques para concluir la jugada. Teóricamente se complementan, pero Kovacevic, fiel a su condición trabajadora (no en vano comenzó a jugar al fútbol en el Proleter yugoslavo), se siente a veces olvidado en las zonas calientes del campo.
Con el Madrid, no. Siempre encuentra un hueco por el que colarse, aunque ciertamente su aportación real en el Bernabéu sea más estadística que definitiva. Sus cuatro goles marcados en Madrid sólo han significado tres puntos, los de la pasada temporada, cuando vencieron 1-4 en un partido intrascendente que encumbró a Xabi Prieto, (hoy de nuevo titular por la lesión de Karpin), que marcó tres goles. Los otros tres de Kovacevic (todos a Illgner en las temporadas1996/97 y 1998/99, en sendas derrotas 6-1 y 3-2) agrandaron el mito aunque sirvieran para poco. "No se sí es suerte o no. No se si es casualidad o no, pero a ver si sigue la racha", ironizaba Kovacevic en el tramo final de su vida deportiva.
No le faltará actitud para ello. Tocó el cielo con su fichaje por el Juventus en 1999 y el infierno con su traspaso al Lazio al año siguiente. Repescado por la Real en el mercado de invierno, fue capaz de resucitar y, de paso, seguir intimidando al Madrid, su equipo favorito. Hoy estrenará nuevo central. Samuel, otra presunta víctima.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004