Neruda joven, cartas y poemas es el título de un libro recién editado por el Ayuntamiento de San Fernando de Henares y presentado el jueves en este municipio en homenaje al poeta chileno Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Reyes Basoalto (1904-1973), en el centenario de su nacimiento. El texto incluye más de cien cartas, así como poemas que Neruda escribió durante casi veinte años a Albertina Rosa Azócar, compañera suya del Instituto Pedagógico de Santiago de Chile, de la que estuvo enamorado en su adolescencia y cuya correspondencia se mantuvo en secreto 50 años.
La importancia de las cartas recién publicadas en esta edición popular de 2.000 ejemplares, que el Ayuntamiento fernandino distribuye gratuitamente, reside en que al menos la mitad de los Veinte poemas y una canción desesperada, uno de los poemarios más célebres de Neftalí Reyes, fueron escritos en 1924 por Neruda, que la había conocido a través de su amigo Rubén Azócar, evocando sus amoríos con ella. Posteriormente, Pablo Neruda se casó con María Hagenaar, con la que tuvo una hija que murió con ocho años de edad; más adelante, contrajo matrimonio con Delia del Carril, de la que recibió una influencia ideológica, y luego con Matilde Urrutia, que era su esposa cuando el poeta murió en su casa de Isla Negra en 1973.
La singularidad de este libro, cuyo contenido revela un hondo y continuado apasionamiento de Neruda hacia su amada, reside en que las cartas, inéditas durante 50 años, fueron conservadas por la destinataria hasta que desaparecieron de su domicilio e iniciaron un zozobrante recorrido.
Según relata el periodista español Juan Ignacio Poveda, que fue corresponsal de la agencia Efe en Santiago de Chile entre 1981 y 1983, "un pariente de Albertina halló las misivas amorosas en el domicilio de ella e intentó venderlas a un anticuario chileno". Poveda tuvo noticia de la existencia de las cartas a través de una sobrina de Albertina, Juanita Azócar. "Me preguntó si quería conocer a una novia de Neruda. Le dije que sí y me presentó a su tía; ella me contó aquella historia de amor, apenada por la pérdida de su correspondencia con el poeta". Entonces, Poveda, provisto de un poder notarial rubricado y autorizado por Albertina, entabló un pleito ante la justicia de Chile y consiguió recuperar las cartas, que fueron depositadas en el Banco Exterior de España en Chile. "Enterado del depósito Francisco Fernández Ordóñez, entonces presidente de la entidad bancaria, viajó a Chile, donde le presenté a Albertina Azócar". Y añade Poveda: "Congeniaron muy bien y él decidió hacer una publicación restringida de las cartas, como regalo del banco a sus accionistas". Siendo ya ministro español de Asuntos Exteriores, Fernández Ordóñez volvió a editarlas.
Los nexos establecidos por Neruda en España fueron muy estrechos. Tras una serie de destinos diplomáticos en países como Ceilán, en 1934 Pablo Neruda llegó como cónsul de Chile en Barcelona y, poco después, en Madrid, donde se estableció en la Casa de las Flores, en el barrio de Argüelles, un edificio de novísima construcción obra de Secundino Zuazo y que con el tiempo ha consolidado su entidad como propuesta modélica del urbanismo de la República. Cuenta con viviendas separadas por jardines, terrazas y calles concebidas como espacios colectivos.
Según el arquitecto Antonio Miranda, las dimensiones de sus patios entre viviendas responden a un canon equilibrado, empleado ya en barrios de Nueva York. Tal ecuación estimulaba la sociabilidad vecinal y permitía mantener la intimidad. Precisamente, en esta intimidad de la Casa de las Flores, Neruda no abandonó nunca el recuerdo de Albertina, su amada adolescente, a la que con su palabra prosiguió acariciando durante muchos años. "Doliente, seria, absorta", son tres de los adjetivos que su amado le dedicó. "Era una mujer afectuosa, pero reservada y muy discreta", comenta Juan Ignacio Poveda.
Neruda entró en contacto con las vanguardias intelectuales madrileñas. Trabó amistad con Alberti, Bergamín, García Lorca y Miguel Hernández. Fundó la revista Caballo verde para la poesía. Argüelles se convertiría en barrio martirizado por la guerra, y la Casa de las Flores, en la frontera misma de la ciudad asediada. Una vez consumada la derrota del bando republicano al culminar la Guerra Civil, el diplomático Pablo Neruda se volcó en organizar el traslado a Valparaíso, a bordo del Winnipeg, de 2.200 republicanos que huían del franquismo recién instalado.
En su florecimiento literario mundial, que culminaría con la obtención del Premio Nobel de 1971, Pablo Neruda nunca olvidó Madrid. Por ello, el Ayuntamiento de San Fernando de Henares, que rige Monserrat Muñoz de Diego, de Izquierda Unida, ha querido asumir el compromiso de editar estas cartas del universal y cosmopolita poeta comunista chileno, que demostró siempre con hechos que su segunda nacionalidad era, sin duda, la española, y, entre las numerosas patrias chicas donde vivió establecido, Madrid figuró siempre entre sus preferidas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004