China se ha convertido en el segundo socio comercial de la Unión Europea y ésta, con la ampliación a 25, ha pasado a ser el primer mercado exportador chino. La UE pretende, lógicamente, acrecentar las relaciones con el coloso asiático, destinado a colocarse como la primera potencia económica continental, por delante de Japón, y la segunda mundial, rivalizando con Estados Unidos, antes de 2030. Pekín es visita obligada desde hace tiempo para gobernantes y empresarios europeos. Al menos para los de las naciones que cuentan. Por desgracia, los de España se prodigan menos. Y la clave para hacer negocios en Asia no es sólo paciencia y dinero, sino también visibilidad.
El anterior Gobierno de Aznar anunció con fanfarria en 2000 el lanzamiento de un Plan Asia para fortalecer la presencia española en la región, principalmente en China. Aznar viajó ese año a Pekín. Desde entonces ha habido pocos gestos concretos. Quizás el más notable haya sido el anuncio de desarrollar el tráfico aéreo de pasajeros a partir de la próxima primavera. Sin embargo, la compañía Iberia ya se ha apresurado a indicar que el mercado chino no es aún suficientemente rentable para sus intereses. ¿Cuándo lo será?
El nuevo Gobierno tiene, al parecer, intención de reactivar ese plan, aunque nada se sabe de que esté en cartera a corto plazo una gira asiática del presidente Rodríguez Zapatero. Éste delegó en la vicepresidenta Fernández de la Vega para representarle en la reunión anual de la ASEM, el foro euroasiático celebrado el pasado octubre en Hanoi. Fue una oportunidad perdida para una primera toma de contacto con dirigentes de la región. El presidente francés, Chirac, y el canciller alemán, Schröder, que ya conocían a la mayoría de ellos, sí asistieron. Chirac aprovechó su viaje a Asia para recalar en China con una nutrida delegación de empresarios. El resultado fue la firma de contratos por un valor de 4.000 millones de euros. Recientemente lo ha hecho Schröder, en el sexto viaje que hace a la capital del antiguo imperio desde que llegó al poder en 1998, con un botín algo más modesto: unos 2.000 millones de euros. Y casi pisándole los pasos lo hizo el presidente de la República italiana, Ciampi. Bueno sería que Zapatero comenzara ya a poner Pekín en su agenda de urgentes citas ineludibles.
No resulta extraño que Chirac y Schröder se hayan convertido en los grandes adalides dentro de la UE para levantar el embargo de armas contra China, que pesa desde los graves sucesos en 1989 de la plaza de Tiananmen. La idea es apoyada por la mayoría de los socios europeos, incluida España, pero despierta aún los recelos del Reino Unido y de los países escandinavos, preocupados por el pobre estado de los derechos humanos. EE UU presiona en contra, porque teme que signifique una ulterior amenaza para Taiwan. El asunto no fue resuelto en la última cumbre chino-europea de esta semana, pero es una cuestión de meses.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004