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Editorial:

Cambio familiar

La profunda transformación familiar ocurrida en España en los noventa, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística, dibuja un país donde casi se ha duplicado el número de personas que viven solas (2,8 millones). También ha crecido notablemente la cifra de familias con hijos encabezadas sólo por un adulto (1,6 millones), casi siempre una mujer. En paralelo, cobran fuerza las parejas de hecho (más de medio millón, de las cuales 10.000 se han censado como homosexuales). Los nacimientos de madre no casada ya son uno de cada cinco. Y bajan en picado las familias numerosas.

Estos cambios son un reflejo de la libertad de elección, pero también de las cortapisas para ejercerla. El hecho de que casi 4 de cada 10 ciudadanos de entre 25 y 34 años (más de la mitad de ellos con empleo) siga viviendo con sus padres muestra la dificultad para acceder a una vivienda, debido tanto a su carestía como a la precariedad laboral juvenil. En 1991, el 28,7% de los ciudadanos de ese tramo de edad vivía en el domicilio paterno; ahora, el 38,7%.

Sin casa y sin trabajo estable, es comprensible que pocos deseen tener hijos. El retraso en la edad de emancipación, una de las más altas de la UE, dificulta el aumento de la natalidad, que está entre las más bajas de nuestro entorno. Y los nacimientos son un factor decisivo para la sostenibilidad del sistema de pensiones. Urge, pues, emprender actuaciones, sobre todo de empleo y vivienda, así como aplicar mejores políticas de apoyo social, tan escasas en comparación con la media europea. El progresivo envejecimiento exige además más atención a las personas dependientes, una tarea que suele recaer en la mujer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de diciembre de 2004