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Reportaje:MÚSICA

Houston, en sus bodas de oro

La Gran Ópera de Houston compite entre las cinco mejores salas de Estados Unidos. Esta temporada festeja su 50º aniversario. Lo celebra con estrenos mundiales, con galas atípicas y, sobre todo, con un asombroso espíritu juvenil. Allí se estrenó Porgy and Bess. Es la novena entrega de la serie Grandes teatros de ópera.

Está en el grupo de las big five estadounidenses, pero a diferencia de los teatros de ópera de Chicago, Nueva York o San Francisco, la Houston Grand Opera ha adquirido un compromiso inalterable con la modernidad y se distingue de las demás por su continuada política de estrenos, nada menos que 31 desde 1974. En ello tiene mucho que ver su director general, David Gockley, que lleva en el cargo desde 1972 y espera mantenerse hasta la temporada 2011-2012. En ese momento tendrá ya 69 años y habrá batido un récord de estabilidad en un puesto semejante.

El presupuesto inicial de la Ópera de Houston en 1955, año de su fundación, no sobrepasaba los 20.000 dólares. Diez años después ascendía a 204.000. En 1974 se producía su primer estreno, The Seagull, de Thomas Pasatieri, y un año después la primera producción escenificada de Treemonisha, de Scott Joplin. La compañía había ya elevado su presupuesto a 1,8 millones de dólares. Desde entonces la política de nuevas creaciones no ha decaído en ningún momento. Con títulos de Carlisle Floyd, Leonard Bernstein, John Adams con libreto de Alice Goodman, Philip Glass con Doris Lessing, Michael Tippett, Meredith Monk, Michael John LaChiusa, Noa Ain, Mark Adamo o Daniel Catán, entre otros. En Houston, Michael Daugherty inventó la ópera pop eligiendo como personajes de ópera a Jackie Onassis o Andy Warhol. Houston acaparó, por otra parte, los premios y reconocimientos más deseados en el mundo americano, desde el Tony a dos Grammy y dos Emmy. La ópera que, en cualquier caso, se ha convertido en la carta de presentación de Houston a escala mundial es Porgy and Bess, de Gershwin, cuya primera producción aquí fue en 1976. Hasta el Teatro Real de Madrid llegó hace unos años. Otra de las producciones con denominación de origen Houston más conocidas en Europa es A quiet place, de Bernstein, coproducida con La Scala de Milán en 1983. Y, en fin, están como elementos de difusión privilegiados los registros discográficos o audiovisuales. La citada ópera pop Jackie O., de Daugherty, editada por Argo, es un ejemplo que viene como anillo al dedo en esta selección de muestras del modo de hacer de Houston. Este último título salió en 1997 de la Ópera Estudio, un lugar de formación creado por Gockley y el compositor Carlisle Floyd en el que han dado sus primeros pasos artistas en primera línea hoy de los circuitos internacionales.

La sede de la Gran Ópera de Houston desde 1987 es el Wortham Center. Tiene dos salas, la principal que acoge 2.330 espectadores y una más reducida de 1.065 plazas. Se encuentra situada en el distrito teatral, en pleno Downtown de la capital tejana, una zona que ofrece diariamente más de 14.000 localidades entre los diferentes espacios músico-teatrales, con lo que Houston es, en este aspecto, la segunda ciudad estadounidense después de Nueva York. (A unos kilómetros del centro de la ciudad se encuentran la Rothko Chapel, la galería Cy Twombly y la colección Menil: visitas imprescindibles). El ambiente que se respira en el Wortham Center no puede ser más distendido. El gran vestíbulo de la primera planta se convierte en un gigantesco comedor antes de las funciones. También hay una tienda, en la que uno puede encontrar desde viseras de béisbol con el nombre de la institución hasta los últimos DVD del Liceo de Barcelona o del Real. La indumentaria del público es variada, pero lo que más llama la atención a un europeo son las familias de raza negra, ellas de colores rojo o verde esmeralda, ellos de traje oscuro con grandes pañuelos de colores llamativos y los niños con calcetines blancos y tirabuzones de colorines. En la sala el público se ríe a carcajadas con los avatares de la historia que está escuchando. Es una forma de comportamiento muy lejana a los hábitos de encorsetamiento y veneración de Europa.

Las bodas de oro se celebran en Houston con la consigna Celebrate. La gala central cuenta con Renée Fleming y Elton John, pero a lo largo de la temporada se podrá ver a Bryn Terfel en Falstaff, a Ramón Vargas y Ana María Martínez en Romeo y Julieta, a Susan Graham en Idomeneo o a Dolora Zajick en Il trovatore. El primero de los tres estrenos ha tenido lugar el mes pasado y ha sido en español: Salsipuedes, del compositor mexicano Daniel Catán, que ya en 1996 había recibido con Florencia en el Amazonas el primer encargo de una ópera en español por un teatro lírico estadounidense. La ópera, con libreto de Marcela Fuentes-Berain a partir de una novela de García Márquez, tuvo tanto éxito que se repuso en 2001 por demanda de los espectadores, al igual que ocurrirá en Seattle la próxima temporada, habiéndose escuchado también en Los Ángeles, Iquitos o Manaos. El presupuesto actual de la Ópera de Houston asciende a 21,5 millones de dólares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de enero de 2005