Rosa Díaz es madre de una niña de siete años, no ve el momento en el que le permitan volver a casa. Vive con su esposo, Juan Selfa, en el número 7 de la calle de la Conca de Tremp, cerca del socavón.
Pregunta. ¿Confían en volver a casa pronto?
Respuesta. No lo sabemos, pero nos morimos de ganas de hacerlo. Hemos dejado allí toda nuestra vida y no pensamos en otra cosa que en volver.
P. ¿Tienen miedo?
R. Algo asustados estamos, pero esto forma parte del proceso. Nadie en todo el barrio va a tener tantas garantías como nosotros de que los edificios son habitables. Además. Ha sido un incidente suficientemente grave como para que las administraciones se lo tomen en serio.
P. ¿Les mantienen informados?
R. Sí, pero llega muy despacio. Es la sensación que tenemos. No puedes salir del hotel porque piensas que van a venir los del Ayuntamiento y no te vas a enterar de lo que dicen. Esto agobia. Ha habido voluntad por parte de todos, y quizás nosotros queríamos saber más de lo que podían decirnos.
P. ¿Les tratan bien?
R. El trato ha sido muy personalizado. Ayer vino un técnico de Gisa y la gente no le dejó hablar. No se trata de eso sino de buscar soluciones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 2005