Finalmente, y tras un tobogán de expectativas que subía a la excelencia para caer en la mediocridad, la cosecha de 2004 ha terminado por situarse, en términos generales, en esa franja venturosa de los vinos muy buenos, con posibilidades de llegar a extraordinarios. Abundante y de calidad, la nueva añada tiene el atractivo del equilibrio, la potencia de la buena maduración, y permitirá a los vinos, como ya demuestran los primeros tintos de maceración carbónica, expresar las características de cada varietal con gran nitidez y frescura.
Nos encontramos, pues, ante uno de esos años -como lo fue también 2001- que posibilitan el gozo desenfadado y alegre con las virtudes de la maceración carbónica, esta tipología entrañable que tuvo su cuna en la rioja alavesa, pero que hoy se extiende por toda la geografía vitivinícola española con notable éxito. Y realizar así un recorrido organoléptico esclarecedor por la gran riqueza vitivinícola de nuestro país.
Tempranillo o syrah
Con la nueva añada, y gracias a la maceración carbónica, podemos comprobar las cualidades para la obtención de vinos jóvenes, frutales y excitantes de uvas como la tempranillo, garnacha, bobal, monastrell, mencía o syrah, la última revelación de nuestras viñas. En definitiva, realizar un peregrinaje por el viñedo español y aventurarse en las posibilidades de un año nacido, seguramente, para ser recordado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de febrero de 2005