Ya no asombra Priorato como lo hizo apenas hace un lustro. Sin embargo, hoy se elaboran mejores vinos que entonces, más equilibrados y sutiles, sin por ello renunciar
a su proverbial contundencia, nutrida de maduraciones extremas. Un buen ejemplo puede ser este tinto singular, de nombre Doix, apellido histórico en el mundo de la viticultura, y que resume la dedicación y esfuerzo de Ramón Llagostera, empecinado en recuperar el prestigio perdido. Y lo consigue porque Doix no sólo es un gran vino, sino, y mucho más importante, un Priorato diferente.
Tiene, por supuesto, la habitual concentración, la elevada proporción de alcohol, el cuerpo carnoso, y el sabor sensualmente afrutado. Pero sobre estos atributos comunes a otros grandes prioratos, se eleva con elegancia una mineralidad telúrica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de febrero de 2005