Barba de varios días, traje gris con camiseta del mismo color y el pelo ligeramente levantado con gomina, Keanu Reeves (Beirut, 1964) parece haberse especializado en personajes raros. El actor, que el miércoles presentó su nuevo trabajo en Madrid, Constantine, acompañado del realizador Francis Lawrence, contó cómo fue asesorado por un exorcista para interpretar al protagonista de esta película, una especie de superhéroe, fumador y cínico, capaz de enfrentarse al mismo demonio. Constantine, una adaptación de un cómic que narra la historia de un hombre que ha regresado del infierno, y al mismo tiempo es una recreación de una leyenda que asegura que aquél que posea la lanza del destino dominará el mundo, se estrena el próximo día 18.
Tras triunfar con la trilogía de Matrix, el actor interpreta ahora a un personaje que posee el don de ver más allá de la mente humana y distinguir entre ángeles y demonios con apariencia humana. Bastante parco en palabras, Keanu Reeves aseguró que no tiene miedo a quedarse encasillado como intérprete de papeles extraños. Al contrario, le fascinan los tipos torturados. "Me ha encantado hacer esta película; el guión me gustó mucho. Constantine tiene un sentido del humor muy especial, capaz de ser cínico y ácido a la vez. También me gusta su furia", contó el actor, que no se reconoció como un supersticioso clásico, aunque "tengo cuidado de no derramar la sal y esas cosas". Tampoco se identificó como un creyente al uso. No tuvo, dijo, una formación religiosa de niño pero trata de ser cuidadoso y respetuoso con aquellos que poseen visiones sobrenaturales.
Francis Lawrence, más conocido como director de videoclips, aseguró que la transición al cine no ha sido especialmente complicada, al menos en lo que se refiere al rodaje y al trato con los actores. El director añadió que ha seguido casi al pie de la letra las viñetas que inspiraron el filme y que se han investigado algunos de los datos históricos que se utilizan en la película. "Constantine aparece como un tipo autodestructivo, gran fumador y bebedor, y así lo hemos grabado. No existe ningún mensaje subliminal". Tampoco cree el realizador que la película pueda herir la sensibilidad de los creyentes. "Lo que se cuenta es la redención del personaje, y eso no debe ser ofensivo para nadie. Tratamos de mostrar la diferencia entre el bien y el mal, algo esencial en el momento actual", añadió Lawrence. A la pregunta de un periodista -"¿No echa en falta alguna escena romántica en una película donde hay mayoría de fantasmas y demonios?"- respondió que se trata de un filme sobre la soledad y que con un romance de por medio no hubiera sido lo mismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de febrero de 2005