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Miquel Bauçà fue incinerado ayer junto con su poemario 'Els somnis'

El cuerpo y las letras del escritor Miquel Bauçà (Felanitx, enero de 1940-Barcelona, diciembre de 2004) quedaron fundidos definitivamente. Encontrado muerto en su casa del barrio barcelonés de Les Corts el pasado 3 de enero, Bauçà fue incinerado ayer y sus cenizas se confundieron para siempre con las del papel y la tinta de sus poemas. Maria Bauçà, hija única del autor, decidió que con el féretro ardiera su libro Els somnis, un manifiesto vital y estético de comienzos de la década de 1990.

El entierro fue un homenaje directo al poeta, un acto estrictamente privado, íntimo, laico, que se celebró antes del mediodía en el cementerio de Collserola, sin representación oficial alguna de políticos ni escritores. Apenas dos decenas de familiares, hija, hermano, sobrino y amigos fueron convocados a la emotiva ceremonia, en la que tres de sus compañeros leyeron emblemáticos poemas y evocaron su imagen, la del creador de Una bella història y El canvi.

"Voldria ser admirat, pero mai he fet res realment adequat, en aquest sentit", publicó Bauçà en su enciclopedia dietario alfabético El canvi. Ayer uno de sus más antiguo amigos, conocedor de la fértil y compleja gestación de la obra, leyó con voz honda el poema autobiográfico del desaparecido, Una vegada encara, un lamento a la muerte prematura de su madre, ocurrida cuando el escritor tenía 12 años: "Una vegada encara, anit, torn a pensar/ que si no t'haguessis mort com et morires,/ jo a l'estiu, t'hauria recollit/ molts de feixos de llenya per cremar". En el poema presenta una escena sobre su supuesto óbito conjunto: "Jo mateix hauria preparat un poc de terra per tapar-nos/ a tots dos, si no n'haguessis anat fent aquella rialla de morta".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2005