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COLUMNA

Poetas

La idea de una Casa de los Poetas es tan bonita..., y que se haga realidad parece fantasía de puro estupendo. Si además hay personas, como Abelardo Linares y Pedro Lastra que le ceden sus bibliotecas, tenemos una suerte enorme, y ellos una generosidad ejemplar con todos los sevillanos.

Todos tenemos que celebrar que la poesía salga del pozo de la oscuridad y se señoree en un hogar digno en el que se la pueda visitar, conocer, oír y comentar. Un lugar desde el que pueda interesar y enamorar hasta reproducirse en otros hogares, desde donde pueda volar sus sueños por la vastedad de los sentimientos para que cada cual recoja un sonido, una palabra, una idea, una satisfacción, una alegría, un consuelo. ¡Tiene tantos recursos la poesía! Una casa en la que bailen las palabras sabias, precisas, rítmicas, y su eco llegue hasta los niños de las escuelas.

Perdón porque la que me he echado a volar soy yo y me he pasado y olvidado de que estoy escribiendo sobre el proyecto de una Casa de los Poetas. Bajo al suelo.

Es lógico que quienes no acostumbran a leer tampoco lean poesía, pero ya lo es menos que haya aficionados a la literatura sin que se les antoje leer un poema, lo que, sin embargo, también ocurre; una de las causas debe ser la falta de costumbre, pues no creo que ofrezca más dificultad una buena prosa que un buen poema. Quizá me equivoque, pero también creo que la excelencia es siempre la misma, en todas las artes -y en todas las ciencias, supongo-; alcanzarla siempre significa un gran esfuerzo, y disfrutarla depende de la costumbre, que puede llevar al conocimiento, que puede llevar a la sensibilidad. En ese o en otro orden diferente aunque el resultado sería el mismo y siempre tan gozoso como lo expone Juan Ramón Jiménez en un poema titulado Poeta: "Cuando cojo este libro, / súbitamente se me pone limpio / el corazón, lo mismo / que un pomo cristalino. / -Me da luz en mi espíritu, / luz pasada por mirtos vespertinos, / sin ver yo sol alguno...- / ¡Qué rico me lo siento! Como un niño / que no ha gastado nada de su vivo / tesoro, y aún lo espera todo de sus lirios /-la muerte es siempre para los vecinos-, / todo lo que es sol: gloria,/aurora, amor, domingo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de marzo de 2005