Jordi Pujol rompió ayer su silencio sobre las consecuencias políticas de la crisis del Carmel para arremeter con dureza contra Pasqual Maragall. En calidad de ex presidente de la Generalitat, Pujol empleó un tono muy combativo en las críticas a su sucesor, a quien hizo responsable de la crispación entre los partidos catalanes. Le acusó de provocar una "ruptura profunda en el país", de generar el "descrédito de la clase política", de "herir la credibilidad de la Generalitat" y de "dañar gravemente la imagen de Cataluña" por sus insinuaciones en el Parlamento autónomo sobre el supuesto cobro de comisiones por parte de Convergència i Unió. A juicio de Pujol, Maragall acusó "sin pruebas" y sólo "para sacarse de encima la presión".
"El incidente que se ha producido estos días es de una extrema gravedad, precisamente por la persona que lo ha provocado y por el lugar donde lo ha provocado, es decir, el Parlamento", aseguró Pujol, quien matizó que hasta ayer había intentado actuar "con el máximo respeto" hacia la figura del presidente de la Generalitat.
Pujol evitó cualquier atisbo de autocrítica y aprovechó su comparecencia para defender la gestión del Gobierno que presidió durante 23 años. En un comunicado leído por él mismo, el ex presidente indicó que la creación de una comisión de investigación no le da miedo, ni tampoco a CiU, y señaló que la magnitud de la catástrofe del barrio barcelonés del Carmel no tiene parangón "ni de lejos" con ningún otro accidente ocurrido bajo su mandato.
El que fuera máximo responsable de la Generalitat rehuyó lanzar un mensaje de tranquilidad y, en cambio, auguró un panorama oscuro: "Lo que hará mucho daño es todo el estrépito que la actuación del presidente ha desencadenado", advirtió.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de marzo de 2005