En Terrassa vivimos ya 200.000 personas y ésta no es una buena noticia, contrariamente a lo que pretenden vendernos los políticos. Para ellos son más votos y más impuestos, y para el ciudadano no es más que agravar los problemas que ya tenemos, porque si esta ciudad está creciendo demográficamente aplicando un desarrollismo a la vieja usanza, los servicios e infraestructuras no crecen igual, tampoco los negocios y mucho menos la calidad de vida.
Señores políticos, preocúpense, no muestren tibieza, sino consenso e ideas para solventar los problemas que se nos avecinan porque al final acabaremos marchándonos igual que nos fuimos en su día de Barcelona por lo mismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2005