Madrid es recia como antigua castellana, generosa con la emigración, aguanta todo tipo de socavones, agujeros, túneles; soporta contingencias en cercanías, metro, autovías; entiende de incendios, delincuencia, atascos, impuestos, congresos; es inteligente y reconoce y asume a sus políticos megalómanos, pero está cansada.
Sabe que merece medallas, títulos, parques o barrios dedicados a su infinita paciencia, y lo único que pide ahora es consideración.
Quiere despertar ese maldito aniversario sin que unas campanas sádicas golpeen sus recuerdos, sin que los medios de comunicación ahonden en la herida y hagan caja de ello y le recuerden el dolor que sufrieron hace un año sus vecinos. Sabe bien dónde y qué hacía cada uno de ellos, tiene memoria y sólo pide respeto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de marzo de 2005