La Pasarela de Oporto, verdadero observatorio de la vanguardia de la moda portuguesa, y referente de las tendencias masculinas y las líneas juveniles, ha reunido este año a los mejores modelos del sector, todos ellos ya instalados en carreras internacionales de éxito. Sus caras nos son familiares de las campañas publicitarias globalizadas y de los desfiles de Gucci, Yves Saint Laurent, Prada, Armani, Armand Basi, Roberto Verino o Dolce & Gabbana. En París, Nueva York o Milán se los rifan y en Madrid y Barcelona se les ve en los salones Cibeles o Gaudí. Nir, Lavi, Gonzalo Athias, Ricardo Bastos, Tiago Severo, Ugo y Rodrigo, entre otros, van camino de iconizarse en un panorama muy exigente en sus nuevos cánones, y por primera vez han posado juntos para EL PAÍS, "sin ropa de marcas que los comprometan". La mayoría de esta larga veintena de ventiañeros cortos no es consciente de para lo que prestan su imagen y parte de su alma. Cuando se les pregunta por términos pretendidamente actuales como "metrosexualidad" o "retromasculinidad evolutiva", sonríen, se encogen de hombros o siguen enganchados a sus nintendo de última gama. En Oporto han dado un giro al evento y una de sus agentes, que casi también ejerce de niñera, asegura que el relevo generacional europeo en cuanto a top models masculinos esta vez sí pasa por la camada portuguesa.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005