Las declaraciones del presidente del Sevilla a propósito del incidente entre Javi Navarro y Arango, culpando a los medios de comunicación de todo el escándalo, cuando el clamor popular ve violencia en la entrada del jugador sevillista, me parece, cuando menos, fuera de lugar y de tono. Estas declaraciones de Del Nido, sin embargo, no me extrañan: reflejan el carácter de este personaje, forjado en un ambiente de violencia durante el desarrollo de su juventud.
Es público y notorio en Sevilla que Del Nido era miembro activo de la organización juvenil denominada Guerrilleros de Cristo Rey. Esta organización, nacida en el seno de Fuerza Nueva, tenía en Mariano Sánchez Covisa su cabeza pública. Actuó en las postrimerías del franquismo, a finales de los sesenta, y hasta la aprobación de nuestra Constitución en 1978.
El objetivo de esta organización no era otro que el mantenimiento del orden franquista, preservándolo de los peligros de la izquierda, recurriendo con frecuencia al uso de la violencia, amparada en la minoría de edad de sus protagonistas. Las cadenas, su arma característica, eran blandidas a menudo contra sospechosos de ser rojos, principalmente contra los comunistas, entonces en la clandestinidad.
Muchos hechos graves, incluso delitos de sangre, quedaron impunes porque el sistema miraba para otro lado. Los componentes de los guerrilleros eran, en su totalidad, hijos de papá.
Del Nido fue uno de los más significados miembros de Cristo Rey en esta ciudad. En Sevilla aún viven muchas personas que pueden dar fe de la actividad del joven Del Nido. Las hemerotecas también reflejan las "heroicidades" de esta banda. Del Nido no hace ahora más que mostrar su verdadero carácter, por mucho blanqueo que se quiera dar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005