El viaje "institucional" de varios ayuntamientos de la provincia de Granada y de la Asociación de Amigos del Sahara para hermanamientos con "dairas" en los campamentos de refugiados saharauis (y especialmente el de Baza y Dchera) ha sido todo un acontecimiento con dos vertientes: la política o institucional, en la que representando al pueblo y a la gente de Baza nos comprometimos con el pueblo saharaui, con ayudarles en su justa causa de lucha por recuperar su tierra y por su autodeterminación; en un acto cargado de emoción y sin la parafernalia de las frases vacías, le intentamos dar ánimos, les entregamos nuestra Dama de Baza y el compromiso de solidaridad y ayuda.
La personal, con el descubrimiento de las extremadamente malas condiciones en las que han de sobrevivir, niños, jóvenes y mayores, relegadas por la sociedad internacional a un injusto destierro en el desierto; y a pesar de todo, nos abren sus jaimas, nos brindan su hospitalidad siempre con una sonrisa y nos dan hasta lo que no tienen. La ayuda de los compañeros (de Huéscar, de Las Gabias, de Peligros, de La Zubia...) hicieron más llevadero un viaje difícil. Volvemos con el alma hecha jirones, pero con la convicción del orgullo y valentía de los hombres y mujeres saharauis, que no quieren más limosna sino la ayuda para volver a su tierra. Su espíritu es todo un ejemplo a seguir. El pueblo andaluz en general, y el pueblo de Baza en particular, no es rico, ni mucho menos, y sin embargo se está volcando en esta causa.
Ya va siendo hora de que el Gobierno andaluz y el Gobierno de España se impliquen de una vez por todas y se dejen de ambigüedades.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005