Hace casi 70 años Francisco Moreno no era más que un niño de 12 que empezaba a descubrir el mundo en Posadas, un pequeño pueblo cordobés ligado a la agricultura. Los tiempos eran complicados y, durante unas vacaciones, su padre le pidió que le ayudase en la herrería familiar en la que también había trabajado su abuelo. Y aquel niño, que hoy tiene 81 años, no volvió más a la escuela. Como tampoco ninguno de sus tres hermanos menores volvió a recibir clases cuando luego entraron en el negocio familiar.
Cuando Francisco Moreno empezó a trabajar reparando las ruedas de los carros y arados, el taller, situado en el centro del pueblo, no ocupaba más de 18 metros cuadrados. Hoy, las instalaciones de Moresil SL rondan los 18.000 y es la empresa más conocida del municipio cordobés.
Datos de interés
Dirección
C/Carretera Córdoba-Palma del Río, s/n. Posadas (Córdoba)
Empleados
80 en temporada alta
Facturación
Cinco millones de euros
Producción
Máquinaria agrícola
La empresa recoge la tradición herrera de tres generaciones de la familia Moreno
Moresil, que nació como sociedad limitada en 1979 pero que recoge la tradición herrera de tres generaciones, se dedica a la producción de maquinaria agrícola para la recolección de los cultivos.
Destino de las ventas
Los 80 empleados que trabajan durante la temporada fuerte, prácticamente todos ellos vecinos de Posadas, fabrican maquinaria que se vende en Andalucía, el resto de España y salta las fronteras.
Alrededor del 15% de su producción se dedica a la exportación. Empresas como Moresil y otras que operan en la provincia hacen que la maquinaria agrícola ocupe el cuarto lugar en las exportaciones totales de Córdoba, codeándose con productos tan asentados como el olivar, el cobre, la joyería o el frío industrial.
Los cuatro hermanos fueron los que dieron el impulso a la herrería familiar y en el logotipo de la empresa han querido dejarlo claro: una estrella con cuatro puntas, una por cada hermano. El hijo de Francisco, que hoy es el gerente de la compañía, explica que el secreto de su padre y de sus tíos fue la "innovación". "Siempre han buscado hacer máquinas diferentes; cuando no había remolques, ellos empezaron a fabricarlos; cuando se saturó ese mercado, pasaron a las cosechadoras y luego pasaron a los cabezales para la recolección del maíz, que es difícil recoger porque se tumba con las malas condiciones climatológicas... Los cabezales han sido la línea fuerte que ha tirado del negocio".
Y como el mercado de los cabezales para la recogida de los cereales empieza a decaer, ahora fijan sus líneas de trabajo y fabricación en otros cultivos como el olivar y el emergente mercado de los cítricos en la provincia.
"Tenemos un convenio firmado con la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de Córdoba para desarrollar maquinaria específica para la naranja", explica el gerente de la empresa. "La agricultura aquí está cambiando. El cereal va a ir cayendo por los precios internacionales y las ayudas. La calidad de la naranja de aquí es muy buena... Vamos a ir apretando en esos nuevos cultivos", sostiene.
Ahora, las líneas de la empresa empiezan a marcarlas la nueva generación encarnada en tres sucesores. Aunque uno de los cuatro hermanos, Antonio, todavía sigue en activo. Francisco, que ya se ha jubilado -"con 81 años ya está bien, ¿no?", dice-, reconoce que es incapaz de retirarse del todo. Son casi 70 años de trabajo y todavía pasa por la empresa todos los días. "El rato más a gusto del día es cuando vengo por aquí", cuenta tras explicar que los empleados le siguen llamando "maestro": "Casi todos han sido aprendices míos".
"La sucesión generacional", afirma el actual gerente, "no sólo se produce en los dueños, también en los trabajadores... Los padres enseñan el trabajo a sus hijos". La vinculación de Moresil con Posadas es evidente, la práctica totalidad de los trabajadores son del municipio. Y los directivos quieren que continúe, por eso esperan que en un futuro la compañía continúe allí como ha ocurrido desde hace decenas de años.
La plantilla fija ronda las 60 personas, pero a partir del mes de junio aumenta considerablemente. Francisco sonríe cuando compara el número de trabajadores de ahora con la escena de los cuatro hermanos en el pequeño taller de 18 metros cuadrados. Ninguno, a diferencia de la siguiente generación, recibió estudios superiores. "Cuando le conté a un agricultor de Linares al que le iba a instalar un cabezal que yo no tenía títulos me dijo que mi trabajo tenía muchos cálculos y muchas fórmulas. Yo le contesté que a mí las matemáticas me han gustado siempre y que libro que veía de matemáticas me lo cogía", rememora Francisco.
"Todo lo que hemos conseguido ha sido trabajando mucho, de día y de noche. Muchas veces, nos sorprendía la mañana en el taller y decíamos ¿pero ya es de día?", recuerda con orgullo el mayor de los cuatro hermanos Moreno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005