El arqueólogo José Manuel Martínez lleva 14 años explorando el subsuelo del monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna, en Simat. Una tarea correlativa al proceso de recuperación del cenobio, que arrancó con su adquisición por la Generalitat Valenciana en 1991. Un año después se inició la redacción del plan director para la rehabilitación del recinto y se creó un equipo interdisciplinar formado por arquitectos (Salvador Vila y Carlos Campos), arqueólogos (José Manuel Martínez entre ellos) e historiadores. Su función era coordinar las intervenciones para recuperar parte de la historia de este importante vestigio patrimonial.
A partir de entonces, las excavaciones arqueológicas y las actuaciones de rehabilitación han ido ligadas a las diferentes sensibilidades de los gestores políticos que se han hecho cargo de los departamentos de Cultura y Patrimonio del Consell. La financiación, principalmente de la Generalitat, ha contado en algunos periodos con patrocinadores privados. El equipo de arqueólogos que ha dirigido Martínez ha conseguido dibujar una cuarta parte de las estructuras originales del monasterio fundado en 1298.
El proyecto prevé recuperar la antigua hospedería del recinto monacal cisterciense
Parte del material exhumado en las excavaciones será expuesto al público
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Parte del material exhumado en las excavaciones de los últimos 14 años se exhibirá pronto al público. La Fundación Jaume II El Just, que gestiona las actuaciones y actividades relacionadas con el monasterio, que dirige Vicente Burgos, destina este año 60.000 euros para el inventariado y recuperación de los restos encontrados en las intervenciones. Martínez y su equipo, que integran otros dos arqueólogos, han iniciado ya la limpieza y clasificación de las 500 cajas que se guardan en las antiguas caballerizas, reconvertidas en almacén arqueológico. En un mes de trabajo han catalogado 180 piezas. El museo reunirá una muestra representativa de la historia y evolución del cenobio.
Las piezas más antiguas datan del siglo XIV, como utensilios de cocina; vajilla conventual de los siglos XVII y XVIII con los escudos de la Valldigna; y cerámicas catalanas. "El mayor volumen de material recuperado son cerámicas, utilizadas por la comunidad monacal en la cocina, así como azulejería arquitectónica", señala Martínez. Hay muestras de la época medieval procedentes de Paterna y Manises (siglo XV) utilizadas en las estancias más antiguas del monasterio; de su etapa renacentista; así como azulejería barroca, como zócalos y pavimento de las Reales Fábricas de Valencia. Las excavaciones han sido esenciales para la recuperación de las estancias del monasterio y el conocimiento de su origen y evolución. Las estructuras más antiguas que han sido perfiladas datan de los siglos IX y X, antes de la llegada de los monjes, como un pozo de la época islámica.
Se conocen también los primeros propietarios civiles del monasterio, que iniciaron la producción en su interior de naranjos, viña y frutales. Cuando fue declarado monumento histórico-artístico, en 1970, su dueño cerró las puertas a e inició la destrucción sistemática de los edificios, cuenta Martínez.
La sala capitular, que empezó a construirse siendo abad Rodrigo de Borja, más tarde Papa Alejandro VI, fue dinamitada y su bóveda se desplomó. Las excavaciones permitieron recuperar las nueve claves de los arcos, gran número de dovelas y parte de las nervaduras. La cúpula abovedada ha sido reconstruida, y constituye una de las obras de rehabilitación más relevantes de los últimos años en el monasterio.
Otra de las intervenciones más significativas ha sido la excavación en el Palau del Abad, del que sólo se conocía un tercio de la planta, oculta por tierra levantada varios metros para cultivar naranjos. La actuación ha permitido fijar la planta completa y su evolución desde el siglo XIII al XVIII. La sala está preparada para recibir el claustrillo gótico que adornaba su interior, trasladado por el Conde de las Almenas a su palacete de Torrelodones en 1920. Parte de la ampliación oeste del palacio estaba a ras de tierra y no se conocía su subsuelo. Se ha encontrado una habitación islámica, del siglo XIII, así como el dibujo de la ampliación del siglo XVIII, y un lugar para la fabricación de vino.
La excavación en el suelo de la iglesia también ha ofrecido importante información, como la planta completa de la primera iglesia monacal del siglo XIV, y una necrópolis asociada. "Conocemos sólo un 30% del subsuelo del monasterio, el 70% restante queda aún por descubrir", señala Martínez.
La Fundación Jaume II el Just abordará este año nuevos proyectos de restauración en el monasterio, como la rehabilitación de las cubiertas de la cúpula de la iglesia. Para ello ha destinado un presupuesto de 310.000 euros, según anunció el gerente del organismo, Vicente Burgos, en una visita reciente al cenobio. Prevé asimismo recuperar la antigua hospedería del recinto monacal, en el lado sureste del monasterio, construido en el siglo XVIII aprovechando la muralla exterior del siglo XIV. La propuesta de intervención es convertir esta estancia, de grandes dimensiones, en un hotel de cuatro estrellas que sirva de reclamo turístico y de visitas, así como lugar de acogida para asistentes a eventos culturales. El monasterio es la sede del Consejo Mediterráneo de la Cultura.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2005